Héroes y heroínas de Faerûn.
Toda acción tiene su consecuencia… Esa es una creencia que ha existido a lo largo de toda la historia del mundo, desde los primeros habitantes de Abeir-Toril hasta nuestros días. Por eso, por más que vosotres o algún otro individuo un tanto perdido os consideréis más grandes que la vida misma, nunca podréis vencer al orden natural. Por supuesto, el hecho de que la mayoría de vosotres estéis muertes no elimina vuestro paso por el mundo. Por si os lo preguntáis: sí, este es el relato de cómo vuestras acciones han ido cambiando el mundo…
Primera parada, Nuncainvierno. Joya del Norte, ciudad cosmopolita y envidiada a lo largo y ancho del continente; el inicio de vuestra leyenda. Vuestro comienzo estuvo enmarcado por un pequeño ejército de unos cuantos de miles de millones de muertos vivientes. Una nimiedad para gente como vosotres, ¿verdad?
Tras vuestros pasos, tanto el grueso de la plaga como el gobierno del Lord Protector Neverember fueron erradicados. Hubo desavenencias, romances inesperados, acuerdos extraños y luchas a brazo partido. Las diferentes fuerzas de la ciudad supieron reconoceros como dignes y, con la ayuda de Nikthra Valiente, que se nombró Lord Protectora de la ciudad, se estableció un consejo de gobierno. Algunes de les vuestres incluso se quedaron atrás para intentar que la recuperación de la ciudad fuera completa. De hecho hay uno, de cuyo nombre no quiero acordarme, que ha acabado siendo Lord Protector tras la muerte de la anterior (¿Elston?, ¿Ariston?, ¿Falston?... como sea, sí, ESE gnomo).
Aquelles nobles que salvasteis del complot de Jiba comprendieron que la ciudad les había dado la espalda debido a la miseria rampante, por lo que su participación en los impuestos aumentó de forma voluntaria, facilitando así la vida de todes al redistribuir la riqueza con mayor eficiencia. La seguridad también está garantizada (a pesar de la muerte de los dioses) gracias a la magnífica administración de su consejo (y del gnomo… ¡Alston! ¡Alston, el Gnomo! ¡Eso era!) y de una insignificante cantidad de magia en bruto.
Nuncainvierno se ha convertido en un recinto amurallado en el que, mediante la magia elemental que mana del monte Hotenow, se ha conseguido crear un paraje estable que acoge a refugiades de las zonas circundantes. Hay quien dice que la suerte tuvo mucho que ver en la pronta actuación del gobierno.
Ahora bien, la desaparición de la cura contra la Muerte Aullante supuso que el resto de la Costa tuviera que lidiar por sí misma con la plaga y ser devastada en gran parte. No pasa nada, muchas de esas tribulaciones no fueron vuestro problema, ¿verdad? Y, por señalar alguna otra crítica, al haber matado a Jiba sin atajar otras cuestiones de los bajos fondos creasteis un vacío de poder que ha llevado a una guerra sin precedentes entre señores del crimen.
Ah, por cierto, enhorabuena por robarle a una recaudadora de impuestos inocente. Fue depuesta y enviada a la autoridad portuaria de Saltmarsh.
¡¡Aaaah, Saltmarsh!! Me pongo nostálgico cada vez que recuerdo ese pueblecito costero de ensueño en el que los niños juegan mientras sus padres faenan en la bahía o hacen largos viajes buscando vender la mercancía.
Pero, espera un momento, no era así cuando la visitasteis, ¿no es cierto? Ya era una ciudad pequeña y lúgubre, llena de niebla y olor a pescado podrido, aterrorizada por las naciones pirata y, en especial, por el barco maldito “La Carroña del Día”, capitaneado por un vampiro que asediaba a los barcos circundantes. En su desesperación, la gente había vuelto su mirada hacia Umberlee, cuyo culto en la ciudad lo lideraba una sacerdotisa oscura que en realidad rendía vasallaje a un obyrith del Abismo, Dagón. Y la persona que decía querer arreglarlo todo y convertir a la ciudad en una miembro del Gremio de Comercio de la Costa de la Espada era un noble arrogante y sin escrúpulos con entrenamiento de monje que manejaba parte de las arcas públicas.
Conseguisteis lo que nadie había conseguido hasta el momento: enfrentaros a elles —a la vez, nada menos, porque, encima, conseguisteis que aparcaran sus diferencias para enfrentarse a vosotres— y prevalecer. Eso conllevó grandes cambios en la ciudad: La niebla mortecina desapareció, dejando ver así un horizonte magnífico desde el que divisar el mar en todo su esplendor. Al fondo, el faro. Ese cuya luz un día estuvo apagada, renace cada noche en su importante labor de guiar a los barcos sanos y salvos hacia su destino.
El concejo municipal, purgado de las perniciosas influencias de Sommerfield, ha incluído políticas contra la piratería y el contrabando. Por supuesto, son problemas que no desaparecen de la noche a la mañana, pero es un comienzo. El templo, desacralizado por vosotres, ahora está dedicado a Valkur, dios de los buenos marineros y los viajes seguros, aunque sigue existiendo un resquicio en el cual poder rezar a cualquiera de los dioses del mar (irónico, ¿no?).
Por supuesto, la economía de la ciudad está de capa caída. Al fin y al cabo, eran los negocios ilícitos y las presiones de Sommerfield lo que la mantenía a flote. Hay más miseria que nunca, y la desaparición de los dioses ha supuesto un terrible golpe. Al morir Umberlee, los mares están descontrolados y las delegaciones enviadas desde Nuncainvierno apenas pueden contener los terribles oleajes que amenazan con tragarse la Costa de la Espada.
Tampoco podemos dejar de mencionar el problemilla de la Marisma del Muerto y su portal hacia el Abismo que quedó sin resolver… pero no pueden lucharse todas las batallas, ¿verdad?
Ah, por cierto, enhorabuena por presionar a una funcionaria de la autoridad portuaria para conseguiros una patente de navegación a pesar de la prohibición. Fue depuesta y enviada al registro civil de Aguas Profundas.
“Aguas Profundas, altas montañas”. Eso es lo que dicen de La Ciudad de los Esplendores. Una de las mayores poblaciones de la Costa de la Espada. Bien amurallada y defendida por sus ocho estatuas andantes ante cualquier posible ataque. Laeral Mano de Plata, la Lord Pública, consiguió restaurarlas a tiempo y se ha convertido en otro gran bastión contra los trastornos apocalípticos provocados por la muerte de los Doce.
Tras los acontecimientos acaecidos y gracias a vuestro valor, gran parte de la población de la ciudad sobrevivió al ataque de la horda de Garrasangrienta. Fue una ardua pelea (¿os acordáis?), pudo haber muerto mucha gente (de hecho, algunes de vosotres casi lo conseguís). Pero, gracias a vuestro arrojo en la batalla, fuisteis capaces de derrotar a un ejército entero de orcos sin un ápice de bondad en sus corazones.
Por si fuera poco, también tuvisteis tiempo de acabar con uno de los mayores casos de corrupción de la historia metiendo entre rejas a, nada más y nada menos, que a la Vara Negra y a uno de los Lores Enmascarados, acabando así con la oleada de asesinatos del Rebanador que asolaba la Explanada. Aunque, sin la ayuda de Volo, ¿Qué van a hacer sus “acólitos”, sus experimentos?
La muerte de Rita fue muy sonada en toda la ciudad. Les ciudadanes de toda la Costa de la Espada le rindieron un homenaje a la periodista. Grandes globos de papel volaban por los cielos de toda la costa mientras la barca con el cuerpo de Rita se alejaba silenciosa para emprender su último viaje. Su pluma había cesado, su becarie cogió las riendas del Clarín, pero, con el estado del mundo, quién sabe si tendrá una oportunidad de continuar con su labor.
Ah, por cierto, enhorabuena por arrastrar a una funcionaria del registro civil para participar en una boda que terminó convirtiéndose en un baño de sangre.
En general, vuestro viaje por la Costa de la Espada ha traído más cosas buenas que malas, pero la balanza no está muy desequilibrada, no se puede ser bueno en todo. Además, poco contará todo esto si nadie arregla el desaguisado que ha provocado la Sombra Iluminada al devorar a algunos de los dioses más poderosos y prominentes del panteón de Toril. Recordad, si nadie se hace cargo de esos ámbitos, el mundo colapsará en el caos.
A mí me viene bien, eso son menos impuestos que tengo que pagar a Aguas Profundas.
Atentamente, Halaster Capanegra.