Buenas tardes, lectores.
Aquí Eilean. Escribo mi primer texto como redactore jefe del Clarín. En estas líneas me gustaría dejar un testimonio escrito de la investigación que estaba llevando a cabo la anterior redactora jefe, mi mentora Rita Siemprebien. Era el resultado de varios meses de indagaciones sobre una red de corrupción, tratos y manipulaciones que conforman las sociedades nobles de nuestra parte del mundo; bajo la forma del conjunto de tratados de libre mercancía que han venido a llamar como Gremio de Comercio de la Costa de la Espada.
Nuestras pesquisas nos han llevado a pensar que todo empezó con la familia Dundragon. El patriarca de dicha casa noble empezó a buscar secretos del mundo que le permitieran aumentar su poder. Con sus fondos e influencias atrajo a otras familias de nobles: Barbaférrea, Vincenza, Marne, Al-Assad Al-Zahir… La flor y nata de la aristocracia del continente unida por un proyecto común y con tintes megalómanos.
¿Buscaban la mejoría del vulgo? ¿Buscaban llevar la sociedad a un nuevo nivel? Obviamente, no. Buscaban mantener su posición de poder, privilegio y a ser posible alejarse de lo mortal y acercarse a lo divino.
Sus ambiciones cristalizaron gracias a dos herramientas: El Gremio de Comercio de la Costa de la Espada, que permitía el libre movimiento de mercancías y jurisdicción compartida entre las principales ciudades-estado; y un extenso acuerdo con el Excelso Gremio de Investigadores Deontológicos de Athkatla (EGIDA, para que entiendan), llevado por el difunto Jan Jansen, quien, además, era su cara visible, en forma de carismático líder. Este grupo, entre otros proyectos menos fructíferos, buscaba principalmente acortar la ventaja que tenían quienes podían manejar la urdimbre sobre quienes no poseían el talento. Fue un ideal justo para algunes. Sigan leyendo y lo que pasó a continuación les sorprenderá (Rita siempre incluía un giro como este para mantener la atención).
La principal línea de investigación de EGIDA versaba sobre la anulación de la posibilidad de acceder a la urdimbre. Para ello, su primera acción fue resucitar a un antiguo grupo supremacista: La Hermandad Arcana. Estos individuos, bajo la falsa bandera de que los magos estaban por encima de los no magos, esclavizaron a gentes de todas las especies por igual. Por toda la Costa de la Espada navegaban galeras cargadas de personas sin esperanza, muchas de esas embarcaciones bajo el pabellón de los Dundragon o Vincenza y, por tanto, con la involuntaria complicidad del Gremio de Comercio. Esas víctimas eran tratadas como moneda de cambio en negocios con sociedades tan infames como el matriarcado drow. Aquellos esclavos que tenían propiedades fuera de lo común eran enviados a las sedes secretas de EGIDA para hacer pruebas mortales con ellos. Lo más terrible de esta colaboración es que gran parte de la Hermandad Arcana seguía creyendo en los ideales de la antigua organización, sin ser conscientes de que solo eran un grupo de choque, un mero testaferro de la verdadera cabeza pensante.
Nunca hubo manera de vincular todas estas felonías a la EGIDA directamente, por supuesto, pues la compleja red de intermediarios y marionetas incluía fuerzas tan improbables e incontrolables como la horda de Gor´kar Garrasangrienta, a quien dieron los medios para prevalecer sobre las otras y utilizarla como ejército, arrasando parte de las civilizaciones en el Valle del Viento Helado y las Marchas Plateadas. Por supuesto, la horda se salió de control y terminó volviéndose en contra de los propios Barbaférrea, que enfrentaron la extinción de su casa cuando el matriarcado Drow resultó ser más persuasivo que el Gremio de Comercio.
En cuanto a la campaña expansiva e imperialista del califa Al-Assad Al-Zahir, pudo pasar como una campaña nacida de la desesperación por la falta de recursos de Zakhara y la necesidad de buscarlos en las Tierras Centrales.
A base de víctimas y dragones de oro se empezaron a forjar diversas herramientas para cambiar la balanza de poder, pero todo cambió con la participación de una enana: Faen Yunquefuerte. Esta inventora fue la encargada principal de desarrollar el proyecto Omega, una herramienta capaz, ya no de cortar la conexión, sino de degradar la misma urdimbre en una zona más o menos amplia, provocando terribles consecuencias en aquellos que se encuentren en su radio de acción. EGIDA realizaba procedimientos de réplica en seres mortales mientras que, por lo que parece, la inventora trabajaba teóricamente en fórmulas y planos. En sus constantes experimentos, muchos de ellos fundados sobre masacres y otras prácticas poco éticas, EGIDA y Yunquefuerte modificaron a una mujer: Layla Erlukmi. Layla acabó trastornada, cambiada en su esencia y adoptó un sobrenombre conocido en toda la Costa: la Sombra Iluminada.
Los responsables decidieron no dejar el proyecto, ni aprender de sus errores ni poner en espera los avances. Dejaron a buen recaudo el proyecto en la cámara acorazada de los Dundragon para que no volviera a ver la luz del día. En el momento en que el gran grupo de héroes y heroínas que surgió en Nuncainvierno se puso en marcha y la Muerte Aullante comenzó, entendieron que su tiempo se acababa si Faen revelaba la verdad, así que hicieron todo lo que estuvo en su mano para acallar su voz y las de cualquiera que pudiera delatarlos. Fue ahí cuando la EGIDA dejó de ser un gremio de investigadores para ser un animal acorralado. Utilizaron todas sus herramientas para poner trabas en los progresos de las facciones.
Evitaron sus responsabilidades, buscaron fuentes de poder en otros lugares como el Semiplano del Terror —Permítanme aquí mencionar al hijo mayor de les Vincenza, cuyo trágico final fue el resultado de ser usado como arma por el gremio con el beneplácito de los Dundragon y el desconocimiento de su propia familia, contribuyendo, además, a la crisis de la Bruma en Saltmarsh y convirtiendo en muertos vivientes esclavos a la tripulación de la Carroña del Día— y trazaron planes para asesinar a sus enemigos políticos. Son ellos los culpables de muertes como la del filántropo Volothamp Geddarm.
Los últimos sucesos ocurridos en Aguas Profundas, la llegada de Jan Jansen, la conspiración detrás del Rebanador, la desactivación de las Estatuas, el ataque de la horda Garrasangrienta… obedecían a un único objetivo desesperado: capturar a la propia Sombra Iluminada. Por supuesto, tras la ristra de errores y fallos del grupo, la muerte de Jan Jansen supuso punto y final a tales ambiciones. Esta redacción duda de que hubieran tenido éxito, de todas formas.
En un último acto de villanía, fueron los responsables últimos —junto con otres dos conspiradores, de les cuáles una está desaparecida— de la muerte de Rita Siemprebien, redactora, jefa, mentora y amiga. Desde El Clarín juramos seguir su legado, buscar la verdad esté donde esté e informar lo mejor que podamos a todo el mundo. Aunque nunca quedó claro de dónde sacaba tantos fondos.
Espero que allá donde hayas decidido que merece ir tu alma estés en paz, Rita. Seguro que eres capaz de conseguir que hasta los dioses, los que nos queden, se enamoren de tus noticias.
Con estas palabras terminamos esta carta, lectores. Me gustaría dejarles una pregunta ¿Quién es el verdadero villano de esta historia? Los nobles solo mantenían aquello que es suyo por derecho. Faen Yunquefuerte y EGIDA solo buscaban progreso y tapar sus errores. Layla solo es una consecuencia de la codicia y la hostilidad de Toril.
Que los dioses se apiaden de nosotres.
Eilean