Renata despertó cuando el árido viento le golpeó la cara, ¿No había muerto?¿Shri´tanna no la había matado? Siempre había pensado que tras su muerte iría a un paraíso de música y deleite pero tal vez aquel páramo árido era la único que se merecía un monstruo como ella...
Miró los pocos restos que quedaban de su vestido de novia, vestido que había destrozado ella misma al transformarse en una bestia enorme y lanzarse como un animal rabioso a destripar a sus compañeros. Siempre pensó que lo peor que podía pasarle es que las ratas se descontrolaran y lo devoraran todo pero, se equivocaba.... Si no hubiera sido por Anirissa que se lanzó a retenerla todo habría acabado en un baño de sangre... Ella la había placado con una fuerza sobrehumana, una que jamás la había visto usar, salvo cuando casi la había matado estampando su cabeza una y otra vez contra el suelo.... Cuando estaba bajo las ordenes de… Atraxa...
En aquel momento una enorme roca impacto a escasos metros de la bardo haciéndola rodar por el suelo rocoso. La joven gateo entre toses hasta unas rocas donde intento ponerse a cubierto, se sintió a salvo por unos instantes, pero unos enormes pasos detrás de ella acompañados de una sombra que la cubrió como si fuera una nube en el cielo la sacaron de su error. Por instinto intento buscar su flauta justo para ver cómo aquella gigantesca bestia la pisaba y seguía con su camino... No la había visto.
Renata miro la escena estupefacta mientras una única lágrima caía por su mejilla, estaba indefensa. La bardo se hizo un ovillo abrazando sus rodillas, miro hacia abajo y vio sus pies descalzos pues ya no quedaba ni rastro de sus zapatos, otro signo del monstruo que en realidad era y el cual la acabaría consumiendo. El llanto se apoderó de ella mientras la imagen de su hermano Edwin muerto a manos de "Los héroes de Faerûn" aparecía en su cabeza.
—Hermanita, todo irá bien, tranquila Francesca volverá, seguro que viene a verte a tu próximo concierto —la joven Renata estaba sentada en las piernas de su hermano mayor, llorando.
—No es lo que dice mamá... Nunca volveremos a verla, se fue por qué no nos quiere... Si no, nos habría llevado con ella
—No digas eso, seguro que acaba volviendo, para tu cumpleaños seguro que viene y te trae un regalo de sus aventuras —la niña abrió mucho los ojos y lo miró anhelante.
—¿De verdad?
—Estoy seguro de ello —Renata se seco las lágrimas y empezó a sonreír mientras saltaba en el sillón del salón del té.
—¡¿Jugamos a los monstruos otra vez!? Hace mucho que no jugamos y hoy ya he terminado de ensayar.
—¿Po-por-por qué no jugamos a otra cosa...? —dijo algo nervioso— ¿No prefieres jugar a la princesa aventurera? Ese te gusta mucho ¿Verdad? —la niña se cruzó de brazos y puso una mueca.
—Solo si la princesa se enamora de un aventurero y le dice a la reina que los príncipes son tontos y feos.
—¿De un aventurero?¿En serio? —dijo enarcando una ceja— ¿De los que huelen mal, llevan ropa gastada y se gastan el dinero en las tabernas del distrito central?
—¡Los aventureros no huelen mal! Son super guapos y huelen a aventuras.
—A cerveza barata y sudor dirás —se rio el joven.
Cerveza y sudor... Así olía él...Kodem... Sí que tenía razón su hermano... ¡Kodem! ¿A él también lo habrían matado o habría esquivado la muerte una vez más? Ese idiota seguro que había logrado librarse de la sombra con la suerte que tenía... Se alegraba por él... Al menos había podido besarle una última vez... Ese idiota...había pasado 5 meses esquivándola por una estúpida amenaza de la archimaga, todo por los celos de... Shri´tanna.... Cuando amas de verdad a alguien, quieres verlo feliz... Aunque esa felicidad no sea a tu lado.
Renata empezó a cantar, muy suave, su voz apenas era un susurro. Mientras las lágrimas escapaban de sus ojos.
"Si una vela toco, sé que nada sentiré..."
Al sonido de su voz rota, su magia comenzó a activarse y con ella su maldición. Su cuerpo empezó a cambiar de nuevo, como había hecho durante la boda, en el de una enorme bestia.
...
Kodem paseaba por aquel páramo árido y sin vida, se sentía solo. Pasó la mano por su mejilla y notó la cicatriz del corte que los perros se habían hecho. Los perros habían sido su familia durante estos últimos años, pero una vez más... Estaba solo, muerto, en el puto infierno... ¿De verdad creía que unos cuantos meses de buenas acciones iban a cambiar años de robos, engaños y manipulación? ¿Que acabarían juntos en el cielo de los arpistas, si es que existía algo así? Había cambiado... Ella lo había cambiado... Sabía que ella nunca acabaría en un lugar como aquel, era demasiado buena para ir a Averno pero al menos se alegraba de haber podido hacer las paces con ella antes de morir. Cada vez que la había tratado con frialdad le había destrozado por dentro; las frases de sus amigos diciéndole que la estaba matando, esa estúpida canción resonando en su cabeza constantemente, es lo único que agradecía de estar muerto, aquel silencio mental. Pero a pesar de todo ella había seguido amándolo, ¿Cómo podía tener tanta suerte?¿Y cómo podía haberlo vuelto a perder todo en un instante?
—Aahgg...Joder... —Kodem tropezó con algo y cayó sobre la dura roca del suelo; pero, cuando fue a ver lo que era, sus ojos se abrieron como platos— ¡Renata! —dijo mientras sostenía en sus manos una flauta travesera llena de polvo y abolladuras.
Era su flauta, la conocía bien.
—¿Renata? —clamó al aire, pero no hubo respuesta.
Volvió a llamar desesperado pero la única respuesta fue la llegada de una bandada de pequeñas bestias voladoras que intentaron atacarle. Kodem trató de librarse de ellas con una onda de energía psíquica que las hizo caer, pero esas cosas no tardaron en remontar el vuelo y volver a atacarle obligándole a huir y buscar refugio.
Kodem corrió y se escondió en la grieta de una pared rocosa y esperó a que aquellas bestias se fueran y dejarán de intentar entrar. Para ello creo una ilusión en sus mentes de que dentro solo estaba su cadáver, y al parecer fue suficiente para que le dejaran en paz. Una vez estuvo más tranquilo concentró toda su energía psíquica en rastrear la mente de Renata, reconocería su mente en cualquier parte. Brillaba en tonos dorados y emitía una resonancia de esperanza y melancolía a partes iguales. No estaba lejos...
Esperó paciente a que aquellas criaturas estuvieran lo suficientemente lejos como para ignorar su presencia y salió con cuidado. Intentó sintonizar con las mentes cercanas, rastreando el plano mental que solo aquellos como él y su medio hermano podían atisbar. Buscó su mente entre aquel caos de rabia y destrucción que era el Averno y la siguió con cautela. Aquel lugar era peligroso.
Sus pasos le llevaron hasta sonidos de gritos de dolor y chillidos agudos. Reconoció su mente pero solo notaba dolor e ira.
—¡Renata! —gritó mientras corría hacia el lugar de donde venían los pensamientos.
Pero al llegar la escena le horrorizó. La enorme forma feral de Renata estaba luchando a mordisco y arañazos con un monstruo de tamaño similar que respondía con el mismo tipo de ataques. No fue capaz de reconocer pensamientos complejos en la bestia, solo ira e instinto de supervivencia. Pero donde solo había dos monstruos peleando él veía a la mujer que amaba luchando por su vida contra una criatura de Averno.
No lo dudó un instante cuando la enorme rata chilló de dolor ante un garrazo de aquel ser infernal y lanzó una descarga psíquica que lo hizo trastabillar lo suficiente para que la rata ganara la ventaja necesaria para abalanzarse y clavar sus dientes en el cuello de la criatura acabando con su vida.
—¿Renata? Ya estoy aquí, volvemos a estar juntos... Todo irá bien...
El hechicero intento acercarse a ella, pero la rata solo estaba royendo el cadáver de la criatura.
—Soy yo Kodem... —la rata levanto la cabeza y le miro estática— ¿Te acuerdas de mi?
Kodem se fue acercando muy lentamente con su flauta en la mano, intentando apelar a la bardo que había dentro de la bestia.
—¿Recuerdas esto? —La rata se acercó curiosa— Veo que sí.
Kodem avanzó un poco, con paso temeroso. En su forma de rata, Renata medía casi dos veces su tamaño habitual. La rata se acercó lo suficiente para oler la flauta y al propio Kodem. Él permaneció estático. Su mente parecía más tranquila así que decidió entrar.
La mente de Renata parecía un vergel de ratas, un lugar extraño, oscuro y tenebroso, como si el mismísimo miedo se materializará en forma de ciudad sin ley. Calles vacías de gente, ratas recorriéndolas y devorando cadáveres enfermizos, y comida podrida por todas partes. Pero se oía algo, una lejana melodía dulce.
Kodem caminó hacia el sonido, y cuanto más se acercaba más ratas había en las calles. Llegó a las puertas de una casa grande y con cuidado abrió la puerta principal. Subió las escaleras inundadas de ratas que, sin apartarse del lugar, iban abriendo hueco a sus pies para que pudiera subir. La música sonaba más cercana cada vez. Recorrió el pasillo de la planta superior hasta llegar a una puerta. El sonido venía de ahí y las ratas se arremolinaban en el suelo intentando entrar. El semielfo abrió la puerta con seguridad y al otro lado de espaldas, tocando la flauta de pie estaban los cabellos rubios que tanto buscaba.
—Renata...—la joven se giro. La música se detuvo y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos
—Kodem...
Los dos se fundieron en un abrazo desesperado entre lágrimas.
Kodem pudo notar como el abrazo trascendía el plano mental, abrió los ojos y pudo notar como Renata ensangrentada, con las ropas completamente rasgadas le abrazaba con fuerza y sollozaba en su hombro.
—Tengo miedo —fueron las primeras palabras que salieron de la boca de la bardo. Kodem rompió el abrazo y apoyo su frente contra la suya.
—Yo no, porque estás aquí conmigo.
Los dos se fundieron en un beso. Ya no estaban solos.
Relato de: Laura Nocker