Nikthra Pirotess bajaba las escaleras casi huyendo de La Cinosura. Estar cinco horas de reuniones con los dirigentes de Aguas Profundas la atemorizaba más que cualquier enfrentamiento contra sus múltiples enemigos. La sesión del Gremio de Comercio de la Costa de la Espada había sido tediosa, pero su deber como representante de la ciudad de Nuncainvierno era asistir; máxime cuando un aspirante a miembro había muerto. La excusa de la muerte del aspirante de Saltmarsh se había extendido, de nuevo, hacia el gran problema que suponía La Sombra Iluminada; la cuestión del grupo creciente de “aventureros” y ese asunto de la denuncia por contrabando y tráfico de esclavos a los Dundragon. La próxima vez, mandaría al gnomo manco en su lugar.
«¿Cómo he podido dejar que esto me pase a mí?».
Se lamentaba de cómo se había precipitado todo desde la muerte del joven señor de la Casa Sommerfield. Por lo visto, los rumores se habían descontrolado en la ciudad. El titular era estúpido, pero efectivo. Los nuevos héroes de Nuncainvierno se corrompen en manos de una drow, líder de una banda conocida como La Sombra de la Hidra. Y claro, ella era la actual Lord Protectora de la Joya del Norte y medio drow. Se anotó mentalmente quitarse de en medio a esa mediana entrometida. De alguna manera, su red de información era mucho más eficaz que todas las fuerzas encubiertas de las ciudades del Gremio de Comercio de la Costa de la Espada juntas.
¿Cómo había llegado a esto? Ayudar a su «proyecto» a convertirse en una habitante de la superficie era algo entendible. Si Shri’Tana no se habituaba a las tradiciones de los amantes de la luz solar, perdería el juicio. Y sentía cierta empatía con su historia. Ella también tenía una hermana… ¿Pero el resto? ¿Cómo demonios se habían juntado tantos héroes? ¿Por qué se habían aliado el capitán no-muerto de un barco fantasma, un noble mercantil con un ego inmenso y una bruja que además lideraba un culto a Dagón?
Se le escapaba algo. Eso era lo que más le molestaba. Podía dejar pasar todo el tema de las implicaciones con los lelos de Aguas Profundas, la bajada de los dioses, incluso el hecho de que esa terrorista de tres al cuarto levantara una plaga de muertos vivientes para aumentar su poder.
—Nikthra, eres imbécil —pensó mientras aceleraba el ritmo hacia su morada.
Todo era obra de esa mujer de máscara dorada. Ella había manipulado a los sombríos dirigentes de Saltmarsh. Sabía qué poder anhelaba Thalassa, cómo calmar el dolor de Cecyle y cómo tentar al niñato de Sommerfield. Tenía sentido, si esa cosa solo buscaba devorar, ¿qué mejor premio que la Chispa que descansaba en La Cuna de los Primeros? Un escalofrío recorrió su espinazo al recordar los extraños sueños sobre ese faro que mencionaba ese grupo disfuncional de viajeros. Las cuatro facciones habían sido guiadas hacia La Chispa. A ella le daba igual quién llegase primero, solo necesitaba que abrieran el camino… Quizás, si el sentido del deber no se hubiera impuesto y no hubieran entregado ese enorme poder a su legítima portadora para que pudiera escapar, La Sombra Iluminada sólo habría tenido que devorar a quien la hubiere reclamado.
Un depredador que temía al fuego y ordenaba a otros que lo manipulasen. Así había actuado aquel monstruo. Temiendo la naturaleza de La Chispa, manipuló los hilos como una titiritera para que otros la obtuvieran en su lugar. No creía que ninguno de los héroes o heroínas fuera siquiera consciente del desastre que evitaron por pura casualidad.
Algo atravesó completamente el pecho de la maga. Nikthra se giró y advirtió a una figura armada con una ballesta. Tanteó la urdimbre, pero esta no respondió. El virote que acababa de ensartarla tenía algo que le impedía conjurar. Trató de responder con los dones físicos de su sangre dracónida, pero la figura se lanzó a por ella. Dos golpes, puñaladas. Reconoció el olor en las hojas cortas. Perdición de dragones.
Nikthra Pirotess, devoradora de dragones, Archimaga de Nuncainvierno, monstruo infame. Un ser de ese calibre estaba arrodillado ante un nuevo enemigo.
-Lo siento, mi señora. No puedo permitir que avises a esos muchachos. Verás, me conviene lo que la loca está haciendo. Los héroes van cogidos de la manita. Son un grupo de despojos conocidos como Shri’Tana, aquel que dice llamarse Dócil, Coiranna y Anne Theatch. Ese grupito de paridos por los demonios mataron a Sax, uno de mis hombres. Ahora me toca cobrar lo que me corresponde. No se preocupe, mi señora. No la voy a dejar morir, por ahora. Nadie la tocará. Pero todavía no es su momento. Llegará, seguro. Y si se porta bien, llegará a ver las cabezas de La Sombra de la Hidra clavadas en unas picas.
Y con un movimiento del misterioso atacante, otro de los aliados de los héroes sale del tablero.
FIN