Renata salió corriendo de allí, tenía el corazón completamente roto, había logrado mantenerse compuesta delante del hechicero pero sus palabras la habían roto por dentro. Corrió y corrió adentrándose cada vez más y más en las turbulentas y destrozadas calles de Saltmarhs. No pensaba en las consecuencias de correr sola en medio de la noche por una ciudad de piratas, solo en huir lo más lejos posible de aquel rostro que le había roto el corazón para no verlo nunca más.
Renata bajo corriendo hasta las calles del puerto hasta llegar a una pequeña cala donde el sonido de sus sollozos se confundía con el arrullo del mar. La niebla se había ido y los hombres batracito ya no acechaban las costas así que al mirar a la orilla del mar solo se veía la luna reflejada sobre unas ahora tranquilas aguas.
La joven bardo se sentó lo mas cerca del mar que le permitían las olas, sobre una zona rocosa en la orilla y mientras contemplaba el mar sus ojos ya no pudieron contener más las lágrimas
<<Solo era una más....>> Era un pensamiento que no dejaba de atormentarla, aquel semielfo la había hecho creer que lo que tenían era único, pero la había mentido como a saber a cuántas otras.
—¿Como he podido ser tan tonta?—dijo tirando una piedra con rabia al mar —¿De verdad creías Renata que había cambiado por ti? Eres una ilusa, una tonta... Una más de su colección de conquistas de taberna...
En aquel momento solo había un sentimiento en su interior traición... Lo que más le dolía era que no le había dado un motivo, no había otra, no había un largo viaje, no había nada... No le importaba si quiera lo suficiente para inventarse una escusa para romper con ella, simplemente ya la había usado y se había cansado.
—Solo es un macho...—dijo una sombra detrás de ella sobresaltandola—Por los machos no se llora, solo son machos....—En aquel momento vio emerger de detrás de las rocas una figura familiar. Un ser que había visto más de una vez en sus pesadillas...
—¿Que....que haces tú aquí...?—dijo algo asustada. Pero aquella mujer que salió de entre las sombras era todo menos amenazante en ese momento, parecía nerviosa, pequeña, asustada.
—Estas llorando... Eso.... Me pone triste, no me gusta, me hace sentir mal. No llores, sonrie, estás guapa cuando sonríes —Renata se quedó un poco descolocada pero logro mantenerse
—Gra-gracias...—habia sido un cumplido extraño.
Se formó un silencio incómodo, la drow la miraba fijamente con sus ojos rojos mientras la humana intentaba mantenerse alerta y no volver a derrumbarse.
Renata por un instante pensó en la horrible imagen que estaría dando con la cara llena de mocos y lágrimas y avergonzada fue a coger su pañuelo pero este estuvo apunto de salir volando de no ser por los hábiles reflejos de la elfa de la infraoscuridad
—Toma—dijo con una actuación torpe de caballerosidad
—Gracias...—Renata lo tomo y procedió a limpiarse las lágrimas
—No llores—esa torpeza logro arrancar una leve sonrisa de la humana
—Ojala pudiera evitarlo... Pero no es tan fácil...—dijo mientras le daba la espalda para mirar de nuevo al mar y se abrazaba las rodillas —Ojala pudiera arrancarme el corazón y dejar de sentirme así... Duele... Duele mucho...—Y rompió en llanto de nuevo
—¿Eso te ayudaría? Creía que los de la superficie lo necesitabais para vivir. Puedo sacartelo si quieres—dijo sacando una de sus dagas
—¡No!... Hablaba en sentido figurado.... Solo estoy triste... —suspiró— Son todos iguales.... Siempre es lo mismo... Creí que está vez sería diferente.... —La bardo se limpió las lágrimas —siempre me pasa, la gente al verme solo ven... Un trofeo... Pero él... Parecía distinto... Creí que le importaba... Pero al final.... Solo quería llevarme a la cama... Como todos
—Los machos solo sirven para hacerte la cama no para meterlos en ella—dijo a la defensiva—solo sirven para procrear y servir, los usas mal
—Tal vez sea eso... Que los uso mal... Tal vez nunca debería haber confiado en el... Aneres decía que solo era un guarro y un sucio perro salvaje... Pero... Tal vez me negaba a creerlo... Parecía tan sincero... Tan dulce... Incluso.... —Renata saco la mitad de la piedra de comunicación que le había dado para poder mantenerse en contacto cuando las misiones con los salvadores les mantuvieran separados... Aquella que ya no servía para nada porque él había destruido delante de ella su mitad —Esto también era mentira—Y la tiro al mar antes de volver a romper en llanto —Fui tan... Estúpida.... Se-se-seguro que ha ido corriendo a decirle a sus amiguitos perros "JA JA JA tendríais que ver qué cara puso cuando le dije que pasaba de ella, la muy tonta se creía que eramos pareja o algo así JA JA JA" —dijo imitando al semielfo —Ojala pille una venérea, se le pudra y no pueda volver a usarla nunca más el muy cerdo
—Puedo cortarsela y dársela de comer a Dócil, es mucho más rápido
Renata visualizo al semiorco canibal y un escalofrio le recorrió la espalda. La ira... No.... No era la solución.... La violencia siempre debía ser el último recurso... Y solo imaginarse a Kodem chillando de dolor la había hecho darse cuenta de que no quería verlo sufrir. Su corazón no quería dolor, no quería venganza... Quería respuestas, quería no perder la esperanza, quería creer que lo que habían vivido era real y no un vulgar truco de seducción...
Su corazón solo soñaba ahora mismo con verlo aparecer corriendo por la playa pidiéndole perdón diciendo que se había comportado como un idiota, que estaba embrujado y esas no eran sus palabras... O que se trataba de una tonta apuesta con sus amigos...
La joven miró esperanzada hacia la entrada de la cala, pero no había nadie, nadie vino corriendo a decirle que la amaba..., la única que seguía allí de pie mirándola fijamente era Shir'tanna.
—¿Crees que se puede fingir el amor...?—su voz sonaba triste y sin esperanza, como un eco vacio —que puedes decirle a alguien que lo quieres y besarlo sin sentir nada...? Coger su mano para decirle que siempre estarás ahí para ella y.... Estarle mintiendo...?—Renata hizo una pausa— En-en... Mi mundo...—suspiro—Es normal casarte con alguien que no quieres solo porqué es lo que más conviene hacer...—aquellas palabras le dolieron, hacia semanas que vivía tachando días en el calendario—pero... Pero no hay mentiras, no esperas amor... Ni si quiera esperas algo más que una relación comercial... Creí que por primera vez alguien veía más haya de mi apellido... —por un instante Renata fantaseo con un escenario en el cual el joven entraba a irrumpir la boda. Pero sabía que eso nunca pasaría. Y que si no la hubiera dejado... Habría tenido que hacerlo ella tarde o temprano... Pero cuando le dijo que lo suyo no iba a funcionar, ella si lo decía en serio, tenían los días contados pero él le aseguro que cada instante juntos por corto que fuera ya merecía la pena...
Tal vez era lo mejor que había podido pasar, tal vez la diosa Sune así lo quería sus caminos no iban a durar mucho tiempo alineados, tal vez tiempo para asimilarlo era lo que su corazón necesitaba. Después de todo no había sido criada para enamorarse... No era lo que se esperaba de ella...
—Nosotros tenemos hombres reproductivos, tampoco los queremos. Eso es muy normal. Los hombres son débiles— La drow se posicionó en la espalda de la bardo y le puso las manos en los hombros— Yo velaré porque ningún macho te haga llorar más, nosotras te cuidaremos. Siempre.—En ese momento la bardo noto como algo subia por su pierna hasta su rodilla, donde un monton ojos rojos la observaban atentos desde allí y un pequeño ser se hacia una bolita entre las telas de su falda. La bardo quiso apartar a la araña de un manotazo pero por un momento pudo sentirla como la veia la Drow, una mascota— Y toma esto, no es una piedra magica pero es más util— dijo entregandole uno de sus cuchillos —¿sabes como funciona?—La bardo la miraba perpleja —Lo pinchas hacia el enemigo—dijo mientras hacia el gesto— no importa si la herida no es muy grave, morirá. Y para hablar....—La drow perdió algo de seguridad —bueno Sqüisy… ya ves tiene muchos ojos, llamala y di mi nombre y yo apareceré lo mas rapido que pueda….
—Gra-gra-gracias….—La humana estaba un poco abrumada. Aquella joven era muy… extraña…
—¡Renata!—se escucho una voz a lo lejos—¡Renata!—La bardo se levantó como un resorte buscando el origen de la voz
—¡RENATA!
—¡Ahí está! Por aquí ¡vamos!
Renata vio como a lo lejos Anirissa llegaba corriendo por la playa. Y detrás por oleadas el resto de salvadores
—¿Donde estabas? Llevamos horas buscándote—dijo mientras la levantaba en volandas con un abrazo que casi la deja sin respiración
—Yo... No... No puedo respirar—
—Lo siento—Anirissa la bajo de inmediato
A los segundos apareció Aneres
—¿Donde estabas? Creíamos que estarías con el perro pero lo vimos por ahí con los demás y nos empezamos a preocupar
—Estaba con...—la humana miro a su alrededor pero no vio a nadie... No había ni rastro de la drow —Sola.... Yo... Necesitaba estar sola...
—¿Todo bien?—pregunto el orco seguido de cerca por la otra monje y el encapuchado. Renata se quedó en silencio unos instantes, hasta que las lágrimas volvieron a adueñarse de sus ojos
—No
—Tranquila, todo saldrá bien—dijo Aneres iniciando un abrazo grupal—Pase lo que pase,los Salvadores siempre nos tenemos los unos a los otros
Relato de: Laura Nocker