Un destello rojo se veía a lo lejos, en el páramo. Entre las rocas y la lava se vislumbra la figura de una elfa caminando. Desde que llegó a Averno, las escamas de la piel de Coralee reflejaban los tonos rojizos que había a su alrededor, como si fuera una chispa de fuego a punto de explotar. Su mirada, mostraba la tempestad del mar contenida, dispuesta, una vez más, a lo que hiciera falta para sobrevivir.
No sabía muy bien cuánto tiempo llevaba en ese lugar. El tiempo era confuso y solo podía tomar por cierto lo que sentía en su interior. Algunas veces Coralee se encontraba cerrando los ojos y recordando como el fresco viento marino recorría sus escamas, para instantes después, encontrarse solo el viento seco y abrasador de Averno.
La sequedad del ambiente y la falta de alimento decente estaban agriando el carácter que parecía haberse vuelto más amable desde que se juntó con los Hijos del Bosque.
Había pasado algún tiempo escondida, observando este nuevo lugar, esperando encontrarse con alguien en este hostil lugar. Tras ver que estaba completamente sola, una ola de sentimientos negativos y fuerza interior, le hizo salir y vagar para encontrar una manera de salir.
Tras lo ocurrido con Dagón, Umberlee, los enanos y su fragua, el juicio de los dioses y la Sombra Iluminada…todas esas emociones vividas, se le habían hecho un nudo en su seca garganta. No había podido procesarlas en su debido momento y ahora, en soledad, habían vuelto. Se había dejado perder en ellas, desahogándose hasta quedar agotada.
El dolor, el enfado, el resentimiento, la culpa, el sentir haber perdido una parte de ella misma con la desaparición de Onísteles, todo, lo había dejado salir.
Se podía ver detrás de ella una zona de rocas destrozadas con su poder, y no había dudado en quitar de en medio cualquier amenaza que se había encontrado a su paso.
Tras la tempestad de emociones, su corazón se sentía más frío que antes, pues ahora, de momento, de lo único de lo que parecía tener miedo era de perder su propia existencia. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar por ello una vez mas?
Hasta que en algún momento, le pareció ver a lo lejos lo que parecían ser algunos de sus compañeros .Su mirada se iluminó, como una ola cogiendo fuerza para levantarse y una sonrisa se dibujó en sus labios.
Relato de: Lunsel