Diferentes voces en las calles, las plazas y las tabernas hablan de quienes viven en la ciudad.
Chismes que se propagan como un incendio y habladurías sobre la vida de los demás.
Nadie quiere inmiscuirse en la privacidad de otras personas, pero saber un poco más no puede hacer daño... ¿verdad?
¿Qué se dice de los nobles?
Don Rodrigo de Valcárcel: «Dicen de este leonés que era la estrella que más brillaba, pero que ahora su reputación no es más que una sombra de lo que fue...»
Doña Cristina de Solís: «La joven y bella leonesa, cabeza de la casa Solís. Qué pena y qué lástima que enviudara tan joven y guapa...»
Don Nuño de Calatañazor: «Dicen por ahí, no yo, sino otros, que este castellano recién llegado a la ciudad es un poco un viva la Virgen... y el vino.»
Doña Ximena de Guzmán: «La escudera leonesa, también recién llegada a la ciudad, parece que anda buscando algo, siempre con la mirada fija y el paso decidido.»
¿Qué se dice del clero?
Jaime de las Nieblas: «A este monje leonés parece que le gusta más meter la nariz entre libros que entre misales.»
Miguel de Monroy: «Dicen que este sacerdote leonés ha empezado a trabajar en la casa Golfín, eso sí que es una novedad.»
Faustina Ulloa-Espaderos: «Y parece que la beata castellana de Faustina hace mucho que no cruza el umbral de esa casa...»
Ahmed al-Qasri: «El imán mudéjar sí que es un misterio, con todas las novedades que hay en la ciudad y él parece que ni se inmuta.»
Rabí Ishaq ben Nissim: «¿Habéis oído que el rabino sefardí puso la otra mejilla cuando le quitaron la sinagoga? Casi parece Jesucristo.»
¿Qué se dice de los burgueses?
Mahmud ibn Hasan: «¿No os da alegría saber que el médico mudéjar de la ciudad no os cobra nada si sois pobres como ratas?»
Ibrahim Bargash: «Menuda vida lleva el mercader mudéjar este, siempre de viaje o en el taller de artesanos bebiendo vino...»
Salah ibn Awad: «Hay que tener valor para salir a la calle y aguantar las miradas de pena, como hace el buen maestro albañil mudéjar.»
Wallada al-Kanan: «Todo el mundo querría que le miraran como miran a la poetisa mudéjar, que camina por las calles como una reina mora.»
Ruth ben-David de Cáceres: «¿Qué la usurera sefardí está siendo rácana con los préstamos dices? Eso es normal, a la avara le gustan más las monedas que comer.»
Antonia Douro: «¿No sentís lástima por la pobre comerciante sefardí? Dicen que apresaron a su marido nada más llegar a la ciudad, a saber qué hizo el portugués ese.»
Dalia Maimmonides: «Ni loca me pongo una joya suya, que están malditas. Aunque seguro que ahora las vende baratas...»
¿Qué se dice de los plebeyos?
Margarita del Atrio de Santa Clara: «De esta leonesa no te creas nada, que todo lo que oye lo larga, sea verdad o no. Una lenguaraz es lo que es. Y de lo único que no habla es de ella misma, que no se acuerda dice.»
Laureada del Marco: «Desvergonzada es poco para llamar a la tonelera leonesa, una fresca es lo que es, mira que bailar sola en la última fiesta...»
Recaredo Expósito: «Este buscavidas leonés siempre está mascullando por lo bajo y holgazaneando por la ciudad. Búscate un trabajo.»
Álvar Gómez: «El funcionario leonés tiene que estar malo, solo va a desayunar a la taberna dos veces al día...»
Sebastián Lara, «el Pelayo»: «¿Qué le pasará a este muchachino leonés? Siempre triste, con lo bien que toca el laúd...»
Francisco Durán: «Dicen que este castellano una vez trabajó por un jornal honrado descargando sacos de trigo. No me lo creo, pero lo dicen...»
Conrado Aguilera: «Os juro que una vez vi al pastor castellano hablando con sus ovejas como si creyera que le entendían. Bien no está, os lo digo yo.»
Juan, «el leproso»: «¿Os podéis creer que este castellano es el único leproso que tenemos en la ciudad? Que vergüenza me daría a mí, la lepra ya no está de moda.»
Aldonza Casares: «La llaman la princesa del pueblo, la ganadera castellana. Cierto es que no parece del Casar, pero de ahí a ser princesa...»
Violeta Carrasco: «Cuando la veo me cuesta no llorar, pobre herborista castellana... Ha tenido que ser duro perder a un padre tan joven.»
Yusuf al-Hadid: «¡Una vez vi al herrero mudéjar en la taberna! ¡Lo juro! No siempre está en la forja... creo.»
Khalid ibn Yousef: «Lo tiene todo; es pobre, llegó medio muerto a la ciudad, es mudéjar... si pudiera le echaría una moneda a él antes que al leproso.»
Aisha el-Bassir: «¿Cuando la muchachina mudéjar pasa a vuestro lado no os huele a muerto? Claro, siendo la hija del verdugo...»
Yehoshua Simón: «Mira, si quieres un consejo, no te metas con el calero sefardí, porque el último que se rio de él acabó con la nariz rota en un visto y no visto.»
Esther de Acosta: «Yo no sé cómo hará la compositora sefardí para llevar esa vida que lleva, pero el sueldo en casa del Golfín no da para esos lujos, te lo digo yo.»
David ben Ishaq: «Lo que no se quejó el padre lo hizo el hijo. Ay, el retoño del rabino, este sí que tiene sangre y no como su padre...»
Aliaya bat Avraham, «la artista»: «¿Os podéis creer que a la pintora sefardí le han dado un local para que montara un taller de artesanía para ella? Si es que las hay que nacieron con estrella y otras estrelladas...»