La sala estaba oscura. Una filtración en el techado permitía que una pequeña gota repiqueteara una y otra vez sobre el mismo punto, tocando una repetitiva y oscura banda sonora que acompañaba la tarea de Rita. Observando con el ceño fruncido y una taza de café en la mano el tablón del asesinato, la intrépida reportera mediana intentaba dar sentido a la maraña de hilos rojos, dibujos y anotaciones de su propio periódico.
En todo aquel torbellino de nombres, datos, rumores y medias verdades había una pregunta sin resolver, una pregunta en cuyo núcleo reposaba la revelación final sobre los héroes de la Costa de la Espada.
“¿Quién quiere a quién?”
Los retratos de Renata Vincenza, Malark Dundragón, Kodem Shoz y Faen Yunquefuerte reposaban en el centro de la vorágine. Sus rostros habían sido plasmados a la perfección por la pluma hechizada de su ayudante, retratista, becarie y chique del café, Eilean. Cuando le joven tiefling apareció por la puerta, Rita alzó un dedo para indicarle que se detuviera en el sitio. Acostumbrade, Eilean la miró con sus ojos vacíos por encima de sus lentes.
―Un momento, Eileen, quiete parade ahí, ahora no puedes interrumpir mi flujo de pensamiento.
―Por centésimo quinta vez, señorita Siemprebien… Es “Eilean”.
―Dime, Eileen, ¿cuánto te pago? ―en la voz de Rita había un subtono de irritación.
Eilean suspiró.
―Seiscientas coronas a la semana, que es el doble de lo que cobra cualquier funcionario de rango medio en Aguas Profundas, lo que le da derecho a equivocarse con mi nombre cuantas veces quiera, pero no a equivocarse con mi género. Lo sé, señorita Siemprebien. Eso no impide que luche para que me llame por el nombre que me puso mi madre. Llevo en la sangre todo este asunto de los nombres verdaderos.
Rita asintió complacida sin dejar de mirar su tablón del asesinato; aguardó unos segundos en una rutina aprendida entre ambos: la periodista hacía amago de callar y escuchar lo que Eilean tuviera que decirle, pero solo era una breve pausa de cortesía antes de que Rita procediera a vomitar sobre le tiefling su torrente de pensamientos para intentar encauzarlo en un río del que sacar algo en claro.
―Vale, Eileen. A ver si eres capaz de resolver este puzle, porque yo no doy pie con bola. Tenemos a Kodem Shoz, una rata callejera de Aguas Profundas, y a Renata Vicenza, una chica bien de Athkatla. Los dos se aparean en Neverwinter, o Nuncainvierno, como más rabia te dé. El caso es que se putopillan y empiezan un tira y afloja que sigue hasta Saltmarsh, donde vuelven a fornicar, ¡PERO! una extraña maldición aflige a toda la facción de los Perros y, de alguna manera, pierden importancia en… ¿en “la realidad”? No lo tengo claro. Después de cometer magnicidio contra Michael Sommerfield, destruir la Carroña del Día y atentar contra una ministra de fe, Renata y Kodem cortan. Bueno, es él quien corta con ella, ¿me sigues?
Eilean asintió cautelosamente, cuidando de no dar a entender demasiado interés que pudiera dar pie a su jefa a alargar la exposición hasta el infinito.
―Bien, este es el tronco principal, ahora vienen las ramificaciones. Resulta que por el camino, este señor de aquí, Malark Dundragón, de los Dundragón de Aguas Profundas, se promete SIN SABERLO con Renata. O sea, que Renata está preparando una boda con Dundragón por algún extraño motivo que, me figuro, serán movidas nobiliarias. Y, por otro lado, Faen Yunquefuerte, de la E.G.I.D.A. de Athkatla, ronda de forma insistente a Malark y se les ha visto solos en la oscuridad más de una vez. Huele raro, si me preguntan a mí, teniendo en cuenta que es un hombre prometido sin saberlo. Pero, ¿quiénes somos nosotros para juzgar? Y para rizar el rizo, Malark es prácticamente el jefe de Kodem y también le afecta la maldición de los Perros. Cada vez son menos relevantes y me cuesta recordar sus nombres y sus caras.
Eilean esperó prudentemente a que Rita se serenase. Sus mejillas estaban encendidas de emoción mientras sus pupilas recorrían de arriba abajo su tablón del asesinato salpicado de notas como “infidelidad”, “cópula inopinada”, “amenaza para la humanidad”, “todas las científicas son bastardas”, “boda roja” y “comprar col rizada de camino a casa”. Cuando lo consideró adecuado, respiró hondo y se recolocó las lentes.
―¿Cuál es el puzle exactamente? Reformulo... La secuencia parece clara: una maldición afecta a una persona y su relación queda arruinada. Parece bastante lógico.
Rita saltó sobre la mesa y dirigió una mirada llena de intensidad hacia su ayudante, realizando exagerados aspavientos con los brazos mientras hablaba.
―¡No! ¡No tiene sentido! Si hubiera sido cosa de la maldición, hubiera sido Renata quien hubiera dado calabazas a Kodem y no al revés. ¿No te das cuenta? Aquí hay una pieza que falta. Además, ¿qué pinta la Yunquefuerte en todo esto? Su corazón es de piedra, no puede amar a nadie, he mirado a los ojos a esa psicópata y solo he visto el abismo.
―Jefa, sinceramente. Lo de Faen Yunquefuerte puede que sea tu propio sesgo buscando cualquier excusa para molestar a la enana por haberte amenazado. Eso, o Faen está manipulando a Malark utilizando sus encantos para que obligue a Kodem a cortar con Renata y casarse con ella por alguna razón arcana que aún no conocemos.
Rita bajó de un salto de la mesa y observó su tablón del asesinato. Tras unos minutos de silencio, suspiró con fuerza y arrancó el dibujo de la enana. Luego, lo hizo pedazos y los desechó en el suelo.
―No tenías por qué haberlo roto… ―dijo Eilean, mirando los trozos esparcidos de su obra.
―Tampoco tenía por qué conservarlo ahora que no nos es útil. Acepto que quizás, solo quizás, tenga un poco de resentimiento hacia la Yunquefuerte, pero no voy a permitir que eso se interponga en mi ética periodística. Así que nos sigue faltando un eslabón más. Si no es Faen, ¿por qué ese… comoquiera-que-se-llame rompió con Renata?
―No lo sé, pero he traído el otro dibujo que me pediste. Por favor, no lo rompas.
Eilean tendió a la mediana otra cuartilla de pergamino y esta la miró desinteresada… Inmediatamente, volvió a mirarla, esta vez como si quisiera devorar el pergamino con sus propios ojos. Saltó de nuevo a la mesa y con aspavientos triunfales dejó escapar un berrido de triunfo.
―¡EXACTO! ¡ESO ES! ¡GRACIAS, RITA DEL PASADO, ES QUE ERES LA CAÑA!
Le tiefling siguió mirando a su jefa con una mueca impasible mientras se recolocaba las lentes.
―¿Quién es la drow, por cierto?
Rita alzó un dedo pidiendo silencio mientras saltaba hacia su tablón del asesinato y comenzaba a reordenar los pergaminos y las notas. Ahora, el dibujo de Shri´Tana se encontraba en el centro de una vorágine de notas: “celos”, “desamor”, “amor retorcido”, “yandere”, “drow”.
―Lo tenemos, Eileen, lo tenemos. Recuerda los testimonios. Recuerda esa conversación entre Shri´Tana y Renata… Este es el eslabón que faltaba.
La mediana se giró triunfal hacia le tiefling mientras la gota repiqueteaba con su monótono sonido.
―”Si no dejas a mi querida Renata…” ―Rita intentó imitar de manera convincente la voz quebrada de la drow.
Sin dejar de sonreír, se pasó el dedo índice por el cuello.
―¿Insinuas que la drow ha extorsionado a Kodem para que deje a Renata so amenaza de asesinato?
La mediana asintió. Eilean ladeó la cabeza apenas unos grados mientras procesaba la información.
―Entonces la boda…
―¡La boda no es importante! A Shri´Tana o le da igual o no se ha enterado todavía, como Malark. Pero ahora tenemos un amor retorcido en primera plana, Eileen ―Rita soltó un indigno y agudo gritito―. ¡Me flipan estas mierdas enfermas! Es como una de esas novelas de Volo de romance oscuro.
―¿No deberíamos… hacer algo para evitar una tragedia, Rita?
―Oh, por supuesto que vamos a hacerlo. Va a ser la portada de la edición de mañana.
FIN