Mientras caminaba un día por las calles bulliciosas de Neverwinter, observando a la gente y sus vidas, Ugduk avanzó, dispuesto a enfrentar nuevos desafíos y a construir un futuro basado en la compasión y la defensa de los inocentes.
Los días en Neverwinter eran un contraste completo con los paisajes salvajes a los que estaba acostumbrado. La ciudad bullía de actividad, con mercados llenos de comerciantes que pregonaban sus mercancías y niños que jugaban en las calles. Era maravilloso la diversidad de personas que coexistían en relativa armonía: humanos, enanos, elfos y muchas otras razas. Cada interacción que observaba, cada sonrisa intercambiada, reforzaba en él la convicción de que la paz y la cooperación eran posibles. Dicho esto, fue a revisar un tablón de ofertas de trabajo en la plaza del puerto.
Ugduk encontró trabajo en las afueras de la ciudad, en una pequeña granja dirigida por una dulce anciana. Aceptó trabajos humildes, desde arar los campos hasta reparar vallas, tareas que le permitían mantenerse ocupado y reflexionar sobre su entorno. La anciana veía más allá de su apariencia temible. A menudo le contaba historias de tiempos antiguos y le enseñaba sobre las diferentes culturas que habitaban Faerûn. Estas historias ampliaron la comprensión de Ugduk sobre el mundo y reforzaron su deseo de ser un puente entre las culturas, en lugar de una fuerza destructiva.
Una noche, mientras Ugduk descansaba bajo un árbol en la granja, Miriam, la anciana, se le acercó y le ofreció una taza de té caliente. Sentados juntos, ella le preguntó sobre su pasado. Ugduk, aunque reacio al principio, comenzó a compartir su historia. Miriam escuchó con paciencia, sus ojos llenos de comprensión y sin juicio. Cuando terminó, ella le sonrió con calidez y le dijo: "Lo importante no es de dónde vienes, sino hacia dónde decides ir. Has elegido un camino de paz, y eso habla de tu verdadera naturaleza."
Durante el resto de la semana, el orco se centró en acabarle las tareas a Miriam para dejar su granja en perfecto estado. Unos días después ella le pidió que la acompañara a una librería de Neverwinter. Una vez ahí, ella le regaló a Ugduk unos libros para mejorar su comprensión lectora en el idioma cotidiano, ya que sabía que él había estado aprendiendo a leer y a ser un ser culto por el mero disfrute de conocer más.
Semanas después, Miriam volvió a la zona del mercado a hacer unos recados cuando, para su gozo, vio en una fuente a muchos niños, todos ellos sonriendo y observando al orco con los ojos como platos. Estaban sentado alrededor de Ugduk, que les estaba leyendo en alto historias sobre los grandes héroes pasados y sus pericias.
Ambos se saludaron en la distancia con una sonrisa.
Realizado por: Guille