Hace dos noches que su mejor amiga se fue al oeste para reunirse con su grupo y Gwendolina no para de darle vueltas a la cabeza. ¡Demasiada información! Sabía que ella no estaba preparada para acompañarla, Laeleën es genial y muy fuerte. Sin embargo, ella era solo una chica de pueblo con muchos pájaros en la cabeza.
Sin poder dormir, Gwen cogió su antorcha y se encaminó a la linde del bosque en busca de respuestas o inspiración. Lo mismo podía ser una bardo, sería una excelente… panderetista. ¿Esa palabra existe? Mejor no, no sabía nada de música. Tal vez una guerrera de la retaguardia. En la muuuuuy retaguardia, prácticamente en el campamento. Dando apoyo moral. A quién quería engañar, no sabría ni como empuñar una espada.
Estaba sumida en sus pensamientos cuando escuchó un ruido de ultratumba a su lado, un sonido espeluznante en medio de la oscuridad. Se rio y sonrió al slime azul que saltó prácticamente encima de ella.
- ¡Oh nooooo, que suuuusto maaas grande! Jajajajaja – El slime la miró claramente frustrado por su sarcasmo. – Lulu, ¿por qué no estás durmiendo a estas horas? Aunque yo podría decir lo mismo…
Empezó una conversación donde las palabras de Gwendolina eran contestadas por sonidos adorables del que claramente era su amigo. Y de una conversación pasó rápidamente a un monólogo donde ella hablaba y hablaba sobre su deseo de ser aventurera. De las negativas de los grupos del pueblo y de su mejor amiga diciendo que tenía que perseguir sus sueños.
Un crash seguido de algo pegajoso bajo su bota la hicieron parar en seco y mirar casi asqueada su pie. Vaya, acababa de pisar a otro amiguito despistado que dormía entre las hojas. Lo recogió con las manos e intentó que se recompusiera. Entonces, sus tripas rugieron pues había olvidado cenar con tanto disgusto. Miró a la derecha, despejado. Izquierda, súper-despejado. Guardó el slime en un bote, ojitos incluidos y salió corriendo a casa.
- LULU, HAZ LAS MALETAS. ¡TENGO UNA IDEA! – El slime negó con la cabeza… pero fue a por algo dentro del bosque.
Gwen pasó toda la noche recogiendo semillas y haciendo una bebida con un ingrediente peculiar. Las primeras botellas sabían a rayos, pero tras un par de viajes al bosque y mucha imaginación hizo su receta estrella… Zumo de slime.
Nada más cantó el gallo y con unas ojeras enormes, dio en el desayuno a probar a sus abuelos aquella bebida de dioses. Ellos se relamieron, no preguntaron de qué estaba hecho porque conocen muy bien a su nieta y prefieren no preguntar. Luego trabajaron todo el día con una gran energía. Gwen corría de un lado para el otro, bajo los efectos de tanto zumo de slime.
Al atardecer lo tuvo claro, quería ser aventurera. No dejaría que nadie le hiciera cambiar de opinión. Llevaría su zumito y sus lechugas a todas partes del mundo, allí donde la necesitaran. Haría feliz a la gente y nunca olvidaría sus orígenes ni quienes creyeron en ella. Dio un abrazo a sus abuelos que lloraban y parecían muy preocupados por si le pasaba algo.
- Tranquilos, no voy sola. No podría ir sin mis amigos.
Casi suspiraron aliviados hasta que vieron que, efectivamente, se refería a sus slimes. Cogió el carro que llevaba un año entero trabajando en él, encendió la vela que los guiaría en la oscuridad y como buena chica inocente… se fue por la noche por los caminos. ¿Cómo sobrevivió hasta Neverwinter? Esa, queridos amigos, es otra historia que os costará otra cerveza de mantequilla.
Realizado por: Alycia