El enano caminaba a través de la infraoscuridad junto a su ejército; ese día tenían una incursión para recuperar un artefacto que hacía ya tiempo se daba por perdido, un orbe, capaz de revelar el futuro, tanto lejano como próximo, algo que sin duda alguna le ayudaría en sus futuros objetivos. El objeto mágico se encontraba custodiado en un templo a Lolth, diosa de las arañas y drow. Mientras este planeaba la estrategia, una extraña neblina comenzó a cubrir a sus tropas y cuando alcanzó a Erevan, este se vio engullido por ella.
Una vez la bruma le atravesó pudo ver el lugar en el que se encontraba, el campo de batalla donde se iba a librar el combate, aunque no era lo que se esperaba. Este se encontraba casi al final de la ofensiva, ordenando a sus tropas avanzar y acabar con la terrible monstruosidad, la araña ciudadela que emitía sus últimos estertores. Sin dudarlo, comenzó a recitar y canalizar la magia de su alrededor, moldeándola a su voluntad. A sus pies salieron tres triángulos morados formando un eneagrama en constante rotación, compuesto por runas dethek, con las cuales había aprendido a dominar la magia; tras recitar las palabras y alzar las manos, la neblina lo engulló de nuevo.
Tras disipar la extraña bruma que le rodeaba, Erevan se encontró en una zona algo apartada de Amn alzando a su hijo poco después de que este naciera. Uno de sus recuerdos más bonitos. Recuerdos.
-Mierda.
Ya sabe qué va a pasar. Intenta despertarse pero no puede. Intenta con todas sus fuerzas cerrar los ojos y huir, pero no es capaz de apartar la mirada del cráneo que se está descomponiendo. Siente cómo el calor se va y no deja nada atrás más que huesos, que al poco a poco se hacen más grandes. Mira alrededor para verse acompañado de cuerpos desechos, compañeros de guerra caídos, enemigos abatidos y sobre todo, sus seres queridos, juzgándole con la mirada vacía de la muerte.
Gira la cabeza en dirección al cielo, donde una infinidad de huesos de todo tipo cuelgan de esa infinita y devoradora oscuridad. Los huesos se contraen y Erevan deja que un costillar tan grande como él le atrape, como si de una jaula se tratara.. Las costillas se cierran, presionando al enano, tratando de asfixiarlo. Erevan sufre, pero sabe que lo merece. No es ni una centésima parte de lo que él ha hecho y cuando comienza a quedarse sin aire...
Despierta.
Realizado por: Iñigo