"La voluntad del bosque está contigo. Deja que sus raíces prueben tus pensamientos. Acuna sus necesidades, mientras tus dedos estrangulan la vida de los que le dañan".
El olor a incienso y lavanda me embriaga. Durante un momento estoy de vuelta en Cormanthor y encuentro aquello que estoy buscando. Entonces mi vista se parte en dos. En cuatro. En números que no tengo ánimos para contar. Conecto con ellas y recibo su respuesta. "La tierra de los muertos ha sembrado aquí su desolación".
*** Página rota, pegada con miel negra en un almanaque encontrado en el barro ***
Cuando sellé mi pacto no tardé en ponerme en marcha para acabar con el peligro que en ese momento amenazaba al bosque.
Encontré a dos de los furtivos preparando una hoguera cerca de un manantial. Todavía tenían las manos manchadas con la sangre de su última presa. Cuando me vieron, uno de ellos intentó dispararme con una ballesta sin virote.
"¿A qué le tenéis más miedo, los cazadores?" Les pregunté. "¿A los espíritus que moran en los bosques o a convertiros en parte de ellos?
Uno de ellos corrió, pero…
"Apuñala. Muerde. Sus ojos, arrebátaselos. Las cosas que han visto, arrebátaselas. Alimenta con ellos a las miles de bocas que jadean, tragan y canalizan el alimento hacia la tierra".
Recuperé el sentido sosteniendo una de las cabezas de los cazadores. Oh, bien. Las sagas me dijeron que esto podría pasar. Que incluso si perdía el control a veces, estaba haciendo lo correcto.
Cada bendición va a lomos de una maldición.
El otro furtivo se encontraba atado a mi derecha. Había cometido graves crímenes contra la naturaleza allí en Cormanthor. Las sagas se reunieron en el santuario para recibir su sentencia.
Até al condenado a una columna de piedra.
La Matrona de alimañas caminó hacia él. Se nos prohibió hablar. Nos ordenó pensar.
"Estoy agradecida de que nuestro joven veneno nos haya traído aquí al último de los invasores".
En lo alto de una de las edificaciones en ruinas del santuario, dos hermanas vertieron un barreño con un líquido oscuro, haciendo aparecer multitud de especies de insectos en el escenario.
Le eché una cucharada de miel de carne al cazador furtivo, y atrajo al enjambre para envolverlo.
Los sonidos de éxtasis de los insectos fueron interrumpidos por los gritos de dolor del individuo, que consiguió desatarse solo para proceder a atacar con sus propias manos a escarabajos y escolopendras que reptaban por sus piernas, espalda y cabeza. El enjambre recibió cada golpe, desmenuzándose en una lluvia de mandíbulas, antenas y exoesqueletos.
"Observa, joven. La forma en que una criatura no deja de comerse a otra hasta que su cuerpo desaparece por completo".
Más golpes, más masacre sagrada. Más alimañas llegando desde la profundidad del bosque para reemplazar a los caídos.
Escuchamos los chillidos del furtivo mientras los escarabajos continuaban deleitándose con la miel, con él.
"Esto es lo que les espera a los que osan dañar nuestro hogar. Sé como el enjambre. Muerde, desgarra, envenena. Si fallas, nuestros enemigos ascenderán. No hay segundas oportunidades para ellos. Escolopendra". La Matrona de alimañas terminó de hablar.
Rayos de tormenta golpearon los altares y escuchamos cómo se hacían añicos los restos óseos que habían desechado los insectos. Todo el santuario se inundó con una oleada de luz. Mientras trozos de hueso brillaban en constelaciones sobre las paredes, tuve una última visión. Un camino se habría entre mí y una desolación, de la que aún no me habían advertido las sagas. Nos absorbía. Nos escupía por todo el bosque, en árboles, arroyos, montes y llanuras.
Dondequiera que terminase mi historia, no era allí en Cormanthor.
Las brujas me dijeron que tras el pacto sentiría la voluntad del bosque, sus secretos, los pecados de aquellos que lo profanasen. Aunque no me siento muy diferente. La lluvia se siente fresca. Las heridas causan dolor y el dolor me recuerda que estoy vivo. Lo suficientemente vivo, al menos.
Un mosquito encuentra la luz del sol cálida en mi mejilla y bebe. Me pregunto cómo de cálido se sentirá cuando la sombra de esa desolación lo cubra.
Me pregunto si seré lo suficientemente rápido para sacar mi arma cuando esa sombra venga a por mi.
Realizado por: Pedro Pintiado