Renata estaba sentada en el pequeño escritorio que tenía la habitación de la posada donde estaban alojados los salvadores aquella noche. Hacía tiempo que viajaban rumbo a Aguas profundas con el "objetivo" de rescatar a su compañero Ylyndar. O al menos los demás, Renata tenía que viajar allí de todas formas, hacía meses que mediante cartas llevaba organizando su boda. Las familias habían fijado la fecha durante las festividades locales en honor a los dioses, fechas que según la costumbre aguntina traía la buena fortuna y la bendición a la pareja. La barda no les había dicho nada durante meses a los Salvadores, confiaba en reunir en algún momento el valor para hacerlo pero era una cobarde y quería disfrutar hasta el último segundo con los que desde hacía tiempo consideraba sus amigos.
La joven estaba repasando la letanía que era como se conocía al código legal de la ciudad cuando encontró la carta que había llegado esa misma mañana...
—"Queremos conocerte en persona"— leyó entre todo el texto como si estuviera escrito con letras gigantes
Renata llevaba meses esquivando aquel encuentro, desde que tras la batalla de Neverwinter se reunió con Mincs y le contó la idea. No podían desaprovechar el hecho de que su familia y la de aquel perro estuvieran metidas en medio de todo aquel vorágine conspiranoico. Ella era la pieza perfecta para ser colocada dentro de la cúpula de EGIDA, y además la boda era la trampa perfecta... La sombra iluminada odiaba a esa gente, esa gente entre la que se encontraban su familia y la de aquel don nadie con el que se iba a casar, pero también la de aquel enano bonachón aficionado a la cocina o la de su vieja amiga Eärwen. Ylyndar le había contado hace tiempo lo que les habían hecho a él y a su familia, si esa mujer quería tomarse su venganza, acudiría al único evento capaz de unir a todas esas personas que tanto odiaba, la boda entre dos de sus herederos. Confiaba en crear la oportunidad perfecta para que los demás héroes la derrotaran. Su función durante aquella noche sería ser el cebo...
Renata jugaba con la pluma mientras su mente divagaba y esquivaba sus tareas burocráticas. Anotaba pequeñas notas en un papel, transcribiendo una triste melodía que sonaba en su cabeza. Entre las hojas asomaba una revista, un ejemplar del Clarín, Renata lo desenterró y al ver el dibujo del semielfo en la portada junto al suyo y el estúpido titular de ruptura que los acompañaba, recordó el nombre de aquel perro que ya casi había olvidado.... Kodem...
Una lágrima quiso escapar de sus ojos.
—¿Por qué lo hiciste...? Si solo querías acostarte conmigo por qué te enfrentaste a los salvadores... ¿Por qué te esforzaste tanto en algo que te importaba tan poco? Ya nos habíamos acostado... Ya tenías lo que querías de mi...—Renata volteo la revista y busco su pañuelo para limpiar las lágrimas que habían caído por sus mejillas —Renata, piensa en el lado positivo, no tendrás que darle explicaciones a nadie cuando te cases, todo será mucho más facil— En ese momento llamaron a la puerta y sin esperar respuesta una tifling apareció en el umbral
—¿Renata?—la Tifling la miraba con cara confusa
—No estoy llorando por él... Es que... Me acordé de aquel niño que ayudamos después de que su madre muriera asesinada por esos bandidos en el pueblo el otro día...—la bárbara se quedó pensativa mirándola fijamente estática durante un silencio incómodo
—Eso tiene sentido...—la rosada se acercó y Renata recolocó apresurada los papeles para ocultar la carta de los Dundragón aún que eso acabará colocando la revista o la partitura —Eh! Si que estabas llorando por él, es un... Un don nadie, no merece tus lágrimas
Renata se quedó pensando en eso de nuevo.... Cada día le costaba más recordarle... Si no fuera por las canciones que guardaba en su cuaderno tenía la sensación de que ya le habría olvidado... Algo le hacía pensar que no era realmente nadie importante...
—Lo sé.... Es un.... Un don nadie...
—Cuando volvamos a cruzarnos con esos perros pienso darle una buena paliza
—Si... Cuando....cuando lleguemos a Aguas profundas...
—Primero, rescataremos a Ylyndar y después PUM en los huevos de ese idiota—Renata se quedó pensativa mientras su amiga continuaba su tosco discurso motivacional. En ese momento supo que no podía mantener aquella farsa más tiempo, no podía llegar allí a Aguas profundas y simplemente decirles bueno ha sido un placer pero me esperan en la mansión Dundragón, no sé veía con las fuerzas de enfrentar aquella conversación... No quería que hacieran alguna locura, ninguno de ellos comprendería lo que era un matrimonio de conveniencia intentarían impedirlo...
Anirisa acabo abandonado la habitación para irse a tomar unas cervezas con Aneres, Ugduk y Jinmei seguro que estaban entrenando, pero tal vez Arryn también se sumará a ellos, últimamente estaba más animado y había olvidado todas esas ideas de solucionar las cosas matando, aún recordaba cuando en Saltmarsh le dijo que mataría a su familia, le costaba creer que aquel chico tan tímido llevará años asesinando gente por encargo. Renata se despidió a la tifling amablemente y se puso a escribir, no tenía el valor de despedirse en persona, pero la tinta lo haría por ella
(Renata no pudo evitar llorar escribiéndola pero tras terminarla se secó las lágrimas, la doblo y la metió en un bonito sobre. Aprovecho que todos estaban descansando en las zonas comunes para entrar en la habitación de Anirisa y Jinmei. Allí dejo el sobre encima de la cama de la Bárbara y después volvió a su habitación. Guardo sus cosas en su bolsa de viaje y las bajo con cuidado con una cuerda por la ventana hasta el patio trasero. Después Renata intento torpemente bajar ella también pero su ropa no era la más adecuada para aquel tipo de hazañas.
—¿Qué haces bajando por la ventana? —Renata cayó al suelo torpemente, pero de pie— El camino más corto hacia un punto no siempre es la línea recta—Al girarse sobre si misma vio allí a la monje impasible mirándola con curiosidad —¿Para que necesitas la bolsa de viaje?
—Yo…. Tengo que ir a recoger una cosa que me regalaron aquellos niños de la plaza, les dije iría luego a por ella, y… prefiero guardarla en.…en mi bolsa para que no la pierda
—A veces la palabra adornada no es sincera —Renata intento que no se notará su nerviosismo, no estaba preparada mentalmente para esta conversación
—Ti-Tienes razón Jinmei, gran consejo—dijo mientras agarraba su bolsa y caminaba hacia los caballos
—Sé confiable con aquellos que son confiables, y también sé confiable con aquellos que no son confiables —dijo la humana mientras la seguía de cerca—Renata resopló y se puso a desatar a Cannella —¿Para que necesitas a tu caballo?
—Es… es un… un regalo muy pesado—la monje enarcó una ceja—está bien, tengo que irme, no quería despedirme para evitar tener que dar largas explicaciones…
— Deberías hacer las cosas difíciles mientras aún son fáciles—dijo con un tono tranquilo y cálido
—Me caso, ¿vale?, dentro de un mes más o menos, es… un matrimonio arreglado, es algo complicado de explicar, tengo que estar en Aguas profundas cuanto antes para empezar con los preparativos. Y antes de que digas nada, no, no le quiero, obviamente, cosas de nobles, no lo entenderías… no quiero explicaros porque los nobles se casan con gente que no aman solo porque su unión es beneficiosa y como mercadean con sus hijos para lograr alianzas políticas y/o económicas
—La conveniencia es simplemente la sombra del bien y de la verdad, es el inicio del desorden—Renata suspiro mientras subía al caballo—¿Te abro la puerta?
—Si… Gracias…—Renata llevo el caballo hasta la puerta donde Jinmei le abrió sin hacer un solo ruido—espero que podamos volver a vernos en Aguas profundas…
—Buen viaje…—Renata sonrió triste y salió del patio. Miró por última vez la posada, una luz cálida se filtraba por la ventana, se oían voces de sus compañeros y olía al fuego de la chimenea que calentaba el lugar junto al frescor de la noche. Una última lágrima callo por su mejilla mientras encaraba a su yegua rumbo a las costas de Aguas profundas.
Relato de: *Laura Nocker*