No sé cuánto tiempo llevo escondida en este agujero por miedo a la guerra que hay ahí fuera. Lo bueno es que aún te siento, hermano, y eso me da esperanzas. Supongo que Estrellitas debe de estar cuidando de ti. Yo quería volver a las profundidades, pero quizás no tan abajo. Toda esta soledad me ha hecho recordar, recordar nuestra historia y como nunca nadie va a escucharla, espero que el llevar siempre un diario sirva para que alguien pueda leerla cuando me encuentren aquí sola…
Como sobrevivir siendo un drow La vida de un drow fallido
Mi vida, tu vida, una vida (este si mola)
Obviamente yo no recuerdo el inicio de todo, solo lo que mis hermanas contaban como un mal presagio o un error, aunque para nosotros no era así. Bueno, más bien Wruz'roos hacía que no fuera así.
Cuentan que ese día madre estaba más enfadada de lo normal. Que ya durante toda la gestación se quejaba del peso y de las patadas. Al parecer no fue un parto sencillo, las sacerdotisas compañeras de madre la ayudaban en la hazaña. Esto suele hacerse en una especie de “santuario” entre las piedras más afiladas, donde parece correr el aire, o el aliento de Lloth, donde solo unos pequeños hongos luminosos dan un ligero brillo a la estancia. Según cuentan, los gritos de madre, junto a los rezos a nuestra diosa, sonaban por toda la galería y mis hermanas observaban y aprendían, pues un día una de ellas estaría ahí.
El primero en salir fue Wruz'roos y la decepción se vio en la cara de madre.
—Otro macho. ¡Qué he hecho yo para merecer este castigo, oh diosa mía! —decía entre gemidos de dolor—. ¡Aaaaah! —gritó agarrando a la pobre sacerdotisa que la asistía.
—Parece que esto no ha terminado, mi señora… Ahora empuje fuerte —la joven con ojos como platos intentaba no tartamudear—. Es una niña, mi señora —confirmó con voz alegre.
—¿Qué debo hacer, madre?¿Qué es esta señal? Es eso… —Dijo sujetando a la niña en brazos—. Lloth nos muestra una vez más la fuerza de la mujer… Cómo desde el vientre Shri’Tana domina y controla a un macho. Ese será su nombre ante ti, oh, mi venerada madre Lloth, Shri'Tana Oussar, tercera de su casa y seguidora desde el nacimiento —aclamó con la niña en sus manos.
—¿Y él, mi señora? —casi como si se hubieran olvidado del primer niño.
—Wruz'roos, otro guerrero para las filas de Lloth. Llévalo con los otros. Sácalo de mi vista.
Desde el fondo, ambas hermanas mayores miraban la escena y al escuchar las palabras de su madre sus miradas se cruzaron, una nueva rival había nacido y para madre parecía un milagro de la misma diosa.
Wruz'roos cuenta más o menos lo mismo pero con ligeros cambios. En su historia nacimos de la mano, donde él me guiaba a un nuevo mundo, saliendo el primero por si había peligros yo no fuera dañada. Donde madre, a su manera, sonrió al vernos y aclamó a la diosa por nuestro nacimiento, el cual era raro, y eso tenía que ser mágico. De ahí nuestros nombres: “Seda Oscura de los Herederos del veneno” y “El tercer hijo de los Herederos del veneno”. Los nombres para los drow también son importantes y dicen, marcan el futuro.
Como dije, a Wruz'roos se lo llevaron con los otros machos y yo fui con madre y mis hermanas, pero los llantos de ambos resonaban por toda la ciudad. Por lo que Lesaonar,nuestro hermano mayor, acudió desesperado a la cámara de madre con él bebé en brazos y de pronto, ambos dejamos de llorar. Nos habíamos encontrado y aunque a madre no le hiciera gracia así tendría que ser. Ambos estaríamos juntos.
Los años pasaron y ya no éramos bebés. Debíamos formarnos en aquello para lo que habíamos nacido. Yo sería sacerdotisa, como mi madre y Wruz'roos guerrero.
Las clases eran diferentes para los dos, pero iguales al mismo tiempo, pues sin saber muy bien cómo, uno podía sentir las inquietudes del otro. Cuando a Wruz'roos lo golpeaban y obligaban a empujar rocas para ganar fuerza, yo me agotaba. Y cuando yo era torturada mentalmente por madre o cortada para aguantar el dolor y sacar la fortaleza interior, parecía ser Wruz'roos quien terminaba con más dolor de cabeza. Lo que estaba claro es que al llegar la hora de dormir, los mellizos siempre dormían de la mano.
Los entrenamientos cada vez eran más duros. La cantidad de veneno que madre proporcionaba a todos sus hijos iba en aumento con la frase de: “No podéis ser los Herederos del veneno si no podéis tolerarlo. A parte si hago esto es por que os quiero” .Así cada día,tarde y noche.
Por la ventana de la torre de rezos y cánticos, yo observaba a mi hermano que en las arenas entrenaba; corría y saltaba y este siempre me devolvía la mirada como si ambos deseáramos estar en el lugar del otro. Ninguno de los dos se libraba de los azotes por no prestar atención a las lecciones.
Las clases continuaban, los años pasaban y ninguno era diestro en lo que le tocaba.
“Shri'Tana, la débil, no puede hacer magia. Shri'Tana, la débil, Lloth no la quiere.”
(Odio esa canción, las hermanas mayores son odiosas. Para ellas siempre hemos sido un error, unos inadaptados. Incluso le pidieron a nuestra madre que nos abandonara… envidiosas- Dice Shri'Tana en voz alta.)
Al llegar a la habitación, Wruz'roos me consolaba y me ayudaba con las tareas. Se le daba muy bien. Yo curaba sus cortes y raspones por caerse o no esquivar lo suficientemente rápido.
Shri´Tana
Wruz´roos
Los años pasaban, los entrenamientos y clases se volvían más duros y exigentes para ambos. Pero algo dentro de nosotros cambiaba como nuestro aspecto. Éramos ya unos preadolescentes y teníamos que acudir a actos con el resto de la familia, cada uno en su lado, guardando la compostura y mostrando el adoctrinamiento en el que estábamos siendo criados, pero las miradas y muecas no podíamos esconderlas. Esa vibración dentro cuando uno tenía miedo o nervios, el otro lo sentía igual. En un encuentro con la familia Pirotess, donde aquella mujer se presentó con varias de sus hijas, y cada una parecía ser de un macho de una raza diferente, los hijos machos casi todos habían sido sometidos al ritual de draña. Madre se mostró implacable ante la matriarca de las Pirotess, prácticamente le declaró la guerra, pero no como tal, sino en competición de su descendencia, es decir nosotros, yo.
Shri´Tana
Wruz´roos
En aquel momento yo no entendí nada. Entonces fue cuando mis queridas hermanas me comenzaron a mostrar los juegos de nuestra raza. Me perseguían por las calles, me atacaban deribándome con sus boleadoras, utilizando sus dones para herirme…
Es así, al final solo una podría ocupar el sitio de madre y arrebatarle la vida. Y tendría que ser perfecto. Tendría que hacerlo la mejor, pues las Pirotess estarían mirando y juzgando.
Al cabo de un tiempo parecía que mejorábamos en nuestros deberes, aunque la realidad era muy distinta. Yo solía escaparme para acudir al barrio de Myr Este; el distrito donde viven unos pocos drow y no-drow forajidos. Aquí viven la mayoría de los plebeyos, incluyendo mercenarios y mercaderes menores. Ahí sentía que pasaba desapercibida y podía practicar mis verdaderas habilidades: el robo, la agilidad y, sobre todo, el asesinato. En su paralelo Wruz'roos leía y devoraba los libros que madre me había obligado a estudiar, al igual que los de historia y política drow, siendo él mucho más feliz y habilidoso que yo. Parecía encantarle todo ese tema súper aburrido.
Shri´Tana
Wruz´roos
Uno de los días entre tantos, Wruz'roos tenía que enfrentarse como entrenamiento a nuestro hermano mediano, Ilphrin, y desde la ventana yo podía observar cómo este, que se había desarrollado mucho más que mi mellizo, esquivaba y golpeaba entre risas a mi mitad. Madre me regañó por no prestar atención, pero yo no podía quitar mis ojos de Wruz'roos. Me pareció ver un ligero brillo en él justo antes de que Ilphrin le asestara un espadazo, el cual pude sentir como mío, y sin darme cuenta… salté por la ventana, resbalé por la estalacmita, rodé por el suelo, cogí un arma y me abalancé sobre ese maldito macho que me había atacado. Que había atacado a Wruz'roos. El cuchillo sobre su cuello y yo en su espalda cual petate con la cara desencajada. Todos me miraban fijamente, incluido Wruz'roos. El grito de madre creo que sonó por toda la ciudad al chillar mi nombre desde la ventana y la decepción en el rostro de mi hermano al girar su cara me hizo volver en mí. Los golpes de madre, las risas de mis hermanas e insultos al llamarme macho duraron días. Incluso Wruz'roos estuvo un tiempo sin hablarme.
Lesaonar
Ilphrin
Desde ese momento madre nos separó, o eso creía ella, pues no puedes separar aquello que ya está unido por algo mayor. Wruz'roos, a hurtadillas y haciendo uso de una habilidad que jamás había visto en él, se coló en lo que era antes nuestra habitación y me hizo entrega de un huevo, algo pequeño, no más grande que el de una perdiz, y brillante. Solo sonrío, lo dejó sobre mis manos y usando los gestos lo entendi: “esto, hablar, juntos”.
No pasaron muchas noches cuando ese huevo eclosionó y de él salió una pequeña araña de tonalidades moradas y verdes, que me miró con todos sus ojos brillantes, moviendo sus patitas mientras se frotaba la cara y hacía un ruidito: “sqüis, sqüis”. Y sí, será tonto, pero no era más que una niña, asi que la llamé, Sqüisy. Usábamos a Sqüisy para mandarnos mensajes y vernos cuando todos se habían dormido. Él no paraba de hablar de libros y de los errores de las antiguas familias drow que habían caído. Yo practicaba mi puntería y sacaba filo a las nuevas dagas que le había robado al cadáver de un enano nigromante del barrio de Myr. He de decir que si no llega a ser por Wruz'roos, jamás hubiera averiguado que dichas dagas siempre volvían la una con la otra.
Ya teníamos la edad suficiente para el siguiente paso. Según madre, nuestro cerebro sería lo suficientemente fuerte para soportarlo y si no…sería que Lloth así quería nuestra muerte. Después de mucho tiempo, madre nos dejó estar en la misma habitación, pero nada de miradas, nada de acercarse, cada uno sabía cuál era su lugar. Y así comenzaron las clases para soportar la entrada de un azotamentes, criaturas que hasta los mismos drow temen por sus poderes mentales. Algunos de los nuestros tienen tratos con esos seres para derrocar a otras familias, sacando los secretos o siendo controlados, por eso madre, suma sacerdotisa de Lloth, haciendo alarde de sus grandes dones, comenzó lo que para mí fueron los peores años de mi vida. Se metía en nuestras cabezas hasta que la nariz nos sangraba o nos retorcíamos como gusanos. Wruz'roos parecía llevarlo mejor, lo que a madre molestaba más, pues me gritaba débil y golpeaba con su báculo. No es de sorprender que yo estuviera más tiempo en esa habitación que Wruz'roos. Otra vez separados… No sé si de verdad yo era más débil o solo quería estar ahí por estar con él, pero eso no pasó. Ya no era solo madre la que entraba. Mis hermanas la acompañaban y eran tres las que hurgaban en mi cabeza para sacar información o simplemente hacerme daño. Me costó, lo admito, pero conseguí echarlas. O eso me hicieron creer.
Era nuestro cumpleaños y por mucho que nosotros creíamos que podíamos esconderele a madre nuestras visitas y escapadas, no era así, por lo que ella decidió darnos lo que creyó que era el mejor regalo: nuestro nombramiento en las habilidades. Es decir, Wruz'roos sería nombrado guerrero y yo sacerdotisa. Pero esto no iba a ser una ceremonia tal cual como puede hacerse en la superficie. Somos drow y nosotros lo enrevesamos todo. Mi examen sería el primero y tendría lugar en el santuario de nuestra diosa y el de Wruz'roos, bueno, seguro que a él le daban una espada y al frente, total era un macho más.
Desde que nos dio la noticia yo no pude dormir, solo me apetecía andar y perderme por las calles de Menzoberranzan. Y fue entonces cuando oí su voz, Lloth me habló, bueno quien yo creía que era Lloth.
—Hija mía, te engañan, no dicen la verdad. Debes actuar, actuar por mí y para mí.
Sí, solo decía eso. Siempre lo mismo y para mí no estaba muy claro el mensaje. ¿Quién no decía la verdad?
Acojonada por ser apuñalada dejé que en el gran día mis hermanas me ayudaran a vestirme y prepararme. Me acompañaron a la gran sala del santuario donde yo esperaba ver a Wruz'roos y este me tranquilizara para pasar el examen.
Al llegar vi sacerdotisas de todas las grandes casas drow que se encontraban en los pequeños palcos que había en las estalagmitas que rodeaban la sala. Al fondo madre con el gran tallado de Lloth a su espalda y frente a ella, casi en el centro de la sala, sobre la mesa de piedra… Wruz'roos atado de manos e inmóvil. Mis pies se pararon en seco mientras mis hermanas me empujaban para continuar mientras las palabras de madre llenaban la sala.
Chenzira Matriarca
Bel´Phara
Nuliira
—Hoy es tu gran día, Shri'Tana Oussar, hoy realizarás el sacrificio del tercer hijo para nuestra madre Lloth, demostrando así tu honor y devoción hacia ella. Así serás digna de adquirir su poder y su voz. Demuestra hoy aquí ante todos tu poder y posición.
Entonces oí de nuevo su voz:
—Hija mía, te engañan, no dicen, la verdad. Debes actuar, actuar por mí y para mí.
Acojonada y junto a madre, miraba a todas aquellas caras que me observaban. La media sonrisa de mis hermanas, que a día de hoy aún no sé qué significaba…
Todo sucedió muy rápido… Madre me entregó la daga sagrada, su hoja era brillante y serpenteada, con el mango grabado de runas y una enorme gema roja en el pomo. Me pareció pesada mientras caminaba hacia mi hermano y comenzaba a recitar las palabras que tanto me había costado aprender, recordando como Wruz'roos me había ayudado a memorizar. Nuestros ojos se encontraron y no sentí miedo en él, todo lo contrario, parecía darme las gracias por el tiempo que le había dejado pasar a mi lado. No pude. Corte las ataduras de Wruz'roos con la daga sagrada, me di la vuelta y corrí hacia madre con mis ojos fijados en los suyos. Sentí cómo su poder entraba en mí y entonces la sala se iluminó con un fogonazo morado brillante y una voz masculina en mi espalda declamaba. Un salto, movimiento de muñeca y los ojos cerrados. El calor de la sangre de madre al caer por mi brazo me hizo abrirlos, vi a Wruz'roos rodeado de esa luz morada con un de sus manos extendida hacia mí y la otra hacia el techo de la sala. Miré a mi alrededor, todos me observaban… Había matado a madre delante de todos, había fallado no solo al ritual sino al ser vista. Las Pirotess sonreían y se reían a carcajadas, mis hermanas gritaban de odio y rabia y yo ahí parada sin poderme mover, cubierta de sangre. Wruz'roos me tiró del brazo y como el día de nuestro nacimiento fue delante sacandome de allí.
—Tenemos que escondernos. La hemos liado pero bien —dijo mientras me sujetaba el rostro con sus manos.
—He fallado —solo articulé a decir.
—Diira, tenemos que salir de aquí. Todos vendrán a por nosotros, espabila —terminó, abofeteando mi cara.
—No vuelvas a tocarme, sucio macho asqueroso —dije con la daga sagrada todavía en mis manos ensangrentadas y colocada en su cuello—. Todo esto es por tu culpa, ahora jamás podré reclamar la casa —mis ojos esta vez llenos de ira miraban a los suyos que otra vez me daban las gracias.
—Un poco tarde para eso, ahora dime. ¿Dónde podemos escondernos? —Mientras miraba a todas partes paranoico.
—Braeryn, donde se esconde toda la escoria —dije tras terminar dejando caer la daga al suelo.
Pasamos tiempo escondidos en ese barrio superpoblado, donde viven los drow más pobres y los forajidos. Donde las criaturas son abandonadas y los nobles machos borrachos realizan sus cacerías. Ahí aprendimos a sobrevivir y comprendí que había sido una estúpida al dejarme engañar por las Pirotess. No era Lloth quien me hablaba, sino ellas. Esa confusión me hizo cometer el mayor error y dejar así a mi casa sin matriarca y sin líder, haciéndola bajar en la escala de poder de los drow. La habíamos jodido pero bien y ahora tocaba solucionarlo. Fue entonces cuando un día Wruz'roos me comentó la idea de irnos de Menzoberranzan, de la Infraoscuridad. En ese momento me parecía una gilipollez, pero poco a poco las piezas del puzle comenzaron a juntarse en mi cabeza. Esa era la solución,alzar a Lloth ante todas las razas y devolver a los drow el poder sobre el mundo conseguiría devolver el honor a mi familia y el poder. Y por eso terminamos en la superficie.
Wruz'roos quería ver mundo y yo conquistarlo para mi diosa y mi familia. Pero todo se fue torciendo como siempre. Conocí gente divertida; conseguí esclavos una familia con eso que llaman amigos; corrimos aventuras; incluso salvamos a alguien como si fuéramos héroes, aunque esos mismos actos, esos mismos lazos, nos han traído aquí y nos han vuelto a separar… El Averno, un lugar más hostil que la misma Infraoscuridad. Lugar de guerra continua, de criaturas enormes y despiadadas donde el fulgor y el calor me debilitan.
Ahora estoy sola en un agujero oscuro escribiendo esta historia para que tú, bardo, guerrero, clérigo o bárbaro puedas contarla por mí y, por favor, si encuentras a Wruz'roos, es fácil de distinguir, es el drow más rarito y sonriente que hayas conocido, transmítele unas últimas palabras de mi parte…
“Siempre juntos.”
Sí, así está perfecto. Creo que lo cuento todo… Al menos todo lo que recuerdo o quiero recordar, pero es una buena historia de taberna, de eso estoy segura. Este es mi último escrito en ti, querido diario. A partir de ahora solo queda esperar y defenderse.
Se despide, Shri'Tana Oussar.
Relato de: Celia