—¡¡Nooooooooooo!!
Gritó la bardo despertando de golpe. Era la segunda noche que se despertaba empapada en sudor y gritando. No podía sacarse de la cabeza aquella escena. Aquel ser enorme y grotesco sujetando con fuerza al pequeño niño mientras la drow le cortaba el dedo y la boca de la bestia salivaba ansiosa por devorar la falange amputada
—¡¿Qué ha pasado?! ¿Estáis todos bien?—Dijo Aneres alterado desenvainando la espada mientras Anirissa llegaba corriendo de patrullar la zona
—¿Qué ha pasado?—pregunto Elara confusa mientras Ylyndar solo se desperezaba
—¿Todo bien, rubita?
—Sí… no es nada, solo una pesadilla.
—¿Otra vez? Joder, estás rarísima desde que te fuiste tu sola por ahí. ¿Qué paso? Y no digas que nada que no te voy a creer.
La bardo estaba dentro del saco de dormir abrazándose las piernas cabizbaja.
—Es un monstruo…
—¿¡Un monstruo te ataca mientras duermes?!—dijo el hechicero eufórico —¡Qué emocionante!
—No exactamente.
—Llevas así tres días, larga ya.
—Aquella misión… tuve que trabajar con gente horrible… que hicieron cosas horribles. Una mujer los dominaba y casi se comen a un niño inocente.
—¿Pero no dijiste que ayudasteis a los refugiados, convenciendo a unos mercaderes de que bajarán los precios?
—Si… los convencimos…—dijo con la mirada perdida recordando cómo el terrible semiorco sujetaba al niño asustado y su padre suplicaba llorando que no le hicieran daño justo en el momento que la drow cortaba el dedo del infante —Querían matarlos a todos… guardias, servicio, todo aquel que se interpusiera en su camino. Dormirlos era la mejor opción, solo quería que no hubiera heridos… Pero—unas lágrimas escaparon de sus ojos—Ese niño no había hecho nada.
—¡Renata! ¿Pero que pasó?—dijo Anirissa.
—No la presiones—dijo Aneres intentando mantener la calma del grupo.
En ese momento la imagen de aquella extraña mujer de cabello oscuro y mirada fría devorando lo que parecía carne humanoide le recordó porque no les había dicho la verdad a sus compañeros. Nada de aquello había pasado. El mercader había aceptado pacíficamente bajar los precios a los refugiados, si, eso había pasado, había cedido ante su magia…
—¿Pero que pasó con el niño ese?—dijo inocente el hechicero justo antes de que Elara le tapara la boca.
Renata se limpió las lágrimas y fingió una sonrisa.
—Lo siento, no, no hubo ningún niño, esa pesadilla se sentía tan real… que me confundió, lo siento—la drow se veía temerosa ante aquella mujer, y si era de quien hablaban los rumores prefería no desobedecerla, nadie debía conocer la verdadera versión de la historia —No creo que pueda dormir en un rato, ya me quedo yo de guardia.
—¿No odiabas hacer guardia?—dijo la bárbara.
—Estaré despierta igualmente… al menos así no lo tiene que estar otro.
—Cualquier cosa nos despiertas—dijo el guerrero. La bardo asintió. Mientras los demás volvían a dormirse.
Paso la siguiente hora escribiendo en su libreta versos y notas, fue corto, pero de alguna manera tenía que deshacerse de ese sentimiento de horror y culpa por no haber podido impedir aquella atrocidad. Habían hecho al bueno, habían salvado a esos refugiados, pero al precio de que ese niño no volvería a mirar la oscuridad de la misma manera ahora sabía lo que podía acechar en ella, que los cuentos que te contaban de niño para que no te escaparas de la habitación por las noches eran ciertos. Seres horribles se mueven en ella.
En las noches cuando la luna
Como plata se eleva
Salvaje y feroz se alza
La mujer con la piel morena
Afirma ser dama buena
Pero por unas monedas
Ella mataría a cualquiera
Cuídate de la mujer morena
Ella tiene sirvientes
Salvajes y obedientes
Sumisos a sus pies
Cuídate de ellos también
Al niño brutalmente agarraron
Y sin corazón su dedo cortaron
No hubo piedad por llanto ajeno
No siente dolor su corazón de hielo
Porque ella por ti, no sentirá pena
Cuídate bien de la mujer morena
Realizado por: Laura