Aquel día la plaza mayor del distrito comercial conocida popularmente como El surtidor de Dunstul estaba llena, Renata estaba lista, esa mañana ejecutaría una complicada pieza que había practicado mucho las últimas semanas. Su abuelo Ia había ayudado a componerla y le hacía especial ilusión interpretarla.
En la plaza habían colocado un pequeño escenario. No era más que un pequeño altillo y unas telas que hacían de un pequeño telón de fondo donde la joven bardo esperaba nerviosa a que las campanas del templo de Waukeen dieran las doce. Renata sujeto con fuerza su flauta y cerró los ojos un instante mientras respiraba hondo.
—Por el canto de Milil que todo salga bien, por favor—dijo en un murmullo
En ese momento el repicar de las campanas la hizo centrarse de nuevo. Alzó la cabeza, puso una sonrisa en el rostro y salió al escenario. El público aplaudió, siempre lo hacían y ella hizo una reverencia como dictaba el protocolo, saludando cortésmente a la audiencia.
<<Todo saldrá bien, hoy saldrá perfecto, no sucederá ningún "imprevisto">>
La joven se llevó lentamente la flauta a los labios y empezó a tocar. Los dedos de Renata se movían ágiles mientras su mente se relajaba y disfrutaba del momento. Pero un pensamiento no la dejaba estar completamente tranquila. Podía volver a pasar.
Los minutos pasaban y las calles seguían tranquilas nada fuera de lo normal, todo iba perfecto, ni rastro de sus "amigitas" peludas. Pero entonces algo empezó a sentirse raro, un dolor extraño se apoderó de su cuerpo y callo de rodillas al suelo causando la estupefacción del público. Su cuerpo empezó a cambiar: miro como sus manos se convertían en garras y su corazón se aceleró nervioso al no entender nada.
La joven emitió un grito que sonó como un chillido agudo cuando su cara empezó a trasformarse en un hocico con grandes dientes, mientras simultáneamente su cuerpo entero se llenaba de un espeso pelaje pardo.
Los gritos se extendieron por la plaza, y el sonido de la guardia de la ciudad pidiendo calma se entremezclaban con el barullo general.
—Encontrad al responsable de esto—ordeno el jefe de la patrulla—ese hechicero, brujo o lo que sea no puede haber ido muy lejos
En ese momento sus ojos asustados clavaron la mirada en una niña que estaba en primera fila abrazada a su madre asustada. Miro sus manos ansiosa y corrió a la fuente abriéndose paso entre la gente en busca de respuestas.
Renata apoyo las manos en la piedra y miró su reflejo en el agua. Sus facciones habían cambiado, toda ella lo había hecho. Parecía una rata gigante envuelta en sus ropajes. La joven tembló y las lágrimas inundaron sus ojos justo antes de correr a buscar un lugar donde esconderse.
Corrió por las calles asustada en busca de algún rincón donde poder ocultarse hasta llegar a un pequeño callejón, donde las cajas de mercancías de la tienda de la esquina le proporcionaron el escondite perfecto. La joven se sentó en el suelo y solo pudo llorar.
—¿Por qué me pasa esto a mí? primero las ratas y ahora esto—todo se sentía muy extraño, los olores eran más intensos y podía oír a los trabajadores del taller al otro lado de la pared. Todo era abrumador y la sobrestimulación sensorial la estaba haciendo perder la cabeza. Solo quería que aquel infierno acabará —Esto no es justo, yo no he hecho nada malo
Al cabo de unos minutos sus sentidos se calmaron y cuando sacó la cabeza de entre sus manos y las vió, eran normales, eran sus manos humanas. La bardo se levantó con calma y se apoyo en la pared para caminar hacia la salida del callejón.
Un par de guardias la encontraron nada más salió. Su ropas estaban rotas, manchadas de haber estado sentada en el suelo y de sus zapatos no quedaba ni rastro.
—Señorita, ¿Esta bien? ¿Que le ha pasado?
—Un momento ella no es la chica de las ratas, si la que cuando tocó el otro día salieron las alimañas hasta de debajo de las piedras.
Renata agacho la cabeza avergonzada y miró sus manos intentando contener las lágrimas. No hacía ni unos meses su nombre y su rostro se asociaban a grandes artistas e intérpretes, a su música y sus obras... Pero desde que comenzaron los incidentes, era de lo único que se hablaba, a veces algunos curiosos incluso era lo que se esperaban de sus conciertos...
—Yo... No lo sé... Estaba tocando y entonces—en ese momento volvió a romper en llanto en los brazos del guardia
—No se preocupe señorita encontraremos al responsable, seguro que es un usuario ilegal, por cosas como esta la magia esta prohibida en este país. Le prometemos que no volverá a pasar señorita.
Pero Renata en el fondo sabía que no había sido nadie, esa magia habia salido de ella, habia notado como se canalizaba a traves de la música, nunca había conocido a ningún bardo que le pasaran estas cosas, tal vez estuviera maldita, o Milil y Mystra estuvieran jugando con su destino riéndose de ella.
—La acompañaré a casa, no se preocupe, esto no volverá a pasar.
La joven flautista se dejó acompañar en silencio hasta la residencia familiar en el ala norte del distrito comercial, donde faroles y carrillones de viento llenaban las hermosas calles peatonales y alegraban la avenida de las campanas con colores vibrantes y el dulce sonido del viento al atravesar las campanas tubulares.
Azkthala era un lugar hermoso y lleno de lujos, donde el deleite y el disfrute estaban a la orden del dia, un lugar donde una familia de músicos y artistas podria prosperar y hacer fortuna. Pero no todo en la vida puede ser perfecto.
Realizado por: Laura